Un hombre regresa conduciendo de noche por colinas heladas, buscando a una mujer que lo obsesiona: ella a quien amó intensamente años atrás y que ahora está casada con otro.
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Un hombre regresa conduciendo de noche por colinas heladas, buscando a una mujer que lo obsesiona: ella a quien amó intensamente años atrás y que ahora está casada con otro. Entre la realidad del viaje y las visiones heladas que lo acosan, la novela alterna entre el presente y recuerdos de un encuentro estival cargado de tensión. Su obsesión no es inocente; ella despierta en él tanto anhelo como sadismo. Cuando llega a la casa, descubre que la realidad puede ser más perturbadora que cualquier sueño.
En mitad de una noche oscura, un hombre conduce por colinas heladas intentando encontrar un pueblo remoto. El frío es anómalo para la estación; la carretera está helada y peligrosa. A medida que avanza, ve pueblos vacíos, edificios en ruinas, como si todo hubiera sido devastado. La realidad se desvanece en la oscuridad mientras él permanece enfocado en una obsesión: encontrar a la mujer que ocupó sus pensamientos durante años de ausencia.
Regresó al país para investigar una emergencia inminente, pero ella se convirtió en una necesidad irracional que lo domina. Años atrás intentó casarse con ella, buscando protegerla de la crueldad del mundo, pero ella lo abandonó por otro hombre. Ahora está casada, vive en el campo, y a pesar de todo, él debe verla.
Desde el viaje, el protagonista es acosado por visiones onírico-alucinatorias. Ve a la mujer desnuda, su cuerpo pálido y frágil, atrapada en un círculo de hielo que crece lentamente, inmovilizándola, congelando sus miembros mientras ella grita sin esperanza. Pero él no siente compasión: su sufrimiento le produce placer, un placer que él reconoce como patológico pero que no puede rechazar. Los medicamentos para el insomnio generan pesadillas en las que ella aparece como víctima, y algo dentro de él ha aprendido a disfrutar de ellas.
El relato retrocede a un encuentro estival en el que ella y su marido lo invitaron a su casa en un bosque de hayas tan denso que parece que viven en las copas de los árboles. Ella mostraba más confianza entonces, sonreía, lo miraba a través de sus largas pestañas. Él observaba cada detalle: sus muñecas delgadas, sus hombros desnudos, su pelo plateado. El marido también parecía amigable, aunque había algo extraño en su comportamiento.
Durante una excursión a las ruinas de una torre antigua, el marido lo llevó al borde de un precipicio. Con una sonrisa inquietante, bromeó sobre cómo podría ser el lugar perfecto para un asesinato, cómo un simple empujón parecería un accidente. El protagonista casi cae, salvándose apenas del vacío. La amenaza estaba clara.
Ahora, en el presente helado, el protagonista finalmente llega a la casa. El marido lo recibe adormilado, llevando un abrigo que parece parte de un uniforme. No hay electricidad. La atmósfera es completamente distinta a la del verano, más amenazante, más extraña. La realidad se vuelve tan perturbadora como las visiones heladas que lo atormentaron.