En la banca, Roger McDonald observa el cronómetro: apenas veinte minutos de un encuentro que lo define todo. Su equipo, el English Union, necesita un gol contra el Liberty para mantener viva la posibilidad del título de campeón de la Liga…
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En la banca, Roger McDonald observa el cronómetro: apenas veinte minutos de un encuentro que lo define todo. Su equipo, el English Union, necesita un gol contra el Liberty para mantener viva la posibilidad del título de campeón de la Liga británica. Pero el empate los condena. Lo que falta es evidente en cada mirada del banquillo: Bobbie Star, la joven promesa que debería llevar la ofensiva, no está en el campo. La lesión de tobillo que circula como explicación oficial ocurre un día antes del partido. La verdadera razón permanece en la sombra, conocida apenas por unos pocos.
Roger McDonald está donde cualquier entrenador teme estar: a merced del reloj y de un resultado que se le escurre entre los dedos. En el campo, sus once hombres combaten contra el Liberty FC con la urgencia de quienes saben que cada minuto sin marcar es terreno perdido. El empate mantiene al equipo verde-azul en la lucha por el campeonato; una victoria era lo único que podía asegurar el título. El English Union, en cambio, debe ganar.
Pero hay algo que falta en aquella formación azul. Bobbie Star, el delantero de veintitrés años a quien la prensa británica ya destaca como una promesa del fútbol, no ocupa su lugar en el campo. Su puesto lo cubre O’Connors. La versión oficial culpa a una lesión de tobillo contraída el día anterior. Sin embargo, pocas personas conocen la verdad real tras su ausencia. McDonald la conoce.
En estos minutos críticos, mientras sus hombres se lanzan una y otra vez contra la portería rival, la mente del entrenador regresa a los eventos que precedieron a este momento. Una semana atrás, en las semifinales contra el Empireʼs Champions, Star había dejado su marca. Su actuación fue decisiva: un gol conseguido tras una serie de regates precisos, penetrando en el área rival con velocidad e ingenio, eludiendo a su marcador Hackett más de una vez. El inglés demostraba por qué su nombre circulaba en los medios como una figura ascendente del fútbol británico.
Ahora, ante la portería del Liberty, falta ese galvanizador. Falta Bobbie Star. Y McDonald sabe que sin él la victoria se aleja más con cada segundo que transcurre.
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