Fray Pedro de Aguado, quien residió quince años en el Nuevo Reino de Granada, compone una crónica de las expediciones españolas que recorrieron y conquistaron territorios de la actual Venezuela y Colombia.
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Fray Pedro de Aguado, quien residió quince años en el Nuevo Reino de Granada, compone una crónica de las expediciones españolas que recorrieron y conquistaron territorios de la actual Venezuela y Colombia. A través de testimonios de conquistadores, narra la fundación de ciudades como Cartagena, el establecimiento de gobernaciones y los sucesivos encuentros con pueblos originarios. Un documento historiográfico que registra cómo se reorganizó el territorio americano bajo la corona española en el siglo XVI y principios del XVII.
Los españoles avanzan por ríos y costas desconocidas, fundando gobernaciones y buscando oro en tierras nuevas. Fray Pedro de Aguado, quien residió quince años en el Nuevo Reino de Granada, recoge en esta crónica los testimonios de quienes participaron en la expansión colonial, hablando con conquistadores y escribiendo desde su experiencia directa.
En este segundo volumen, Aguado narra cómo Don Pedro de Heredia recibe del monarca una gobernación que se extiende desde el Río Grande de la Magdalena hasta el Río del Darién. Con una pequeña hueste, Heredia penetra en tierras ignotas y funda la ciudad de Cartagena, que habrá de dar nombre a su dominio. Antes de esta empresa, otras armadas españolas habían incursionado en aquella costa, unos para comerciar y extraer oro mediante rescates, otros para capturar indios como esclavos, frecuentemente violentando las ordenanzas que la corona procuraba guardar desde España.
El fraile franciscano recuenta el choque entre españoles e indígenas, el proceso de poblamiento, la estructura del poder colonial emergente. Su escritura responde al método del historiador que ha conversado con testigos presenciales, que ha accedido a relaciones de actores principales, que busca consignar lo que presenció.
Jerónimo Bécker, en el prólogo que acompaña esta publicación de la Real Academia de la Historia, reconoce el valor historiográfico de Aguado pero advierte que en la Historia nada hay definitivo. La Academia publica esta obra no porque cada aserto sea incontrovertible, sino porque la experiencia directa del fraile en América le otorga autoridad para narrar lo que vio y lo que supo de los principales actores de la conquista.
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