Un matemático en la cima de una colina contempla su predicción de un terremoto catastrófico mientras el camarero de un bar local analiza el colapso del mercado.
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Un matemático en la cima de una colina contempla su predicción de un terremoto catastrófico mientras el camarero de un bar local analiza el colapso del mercado. Esta antología demuestra que la ciencia ficción puede ser seria y cómica al mismo tiempo, reuniendo historias de autores maestros que desafían la solemnidad del género a través de máquinas absurdas, personajes inverosímiles y giros inesperados.
La ciencia ficción ha construido su reputación sobre advertencias cataclísmicas y dramas cósmicos de gran escala. Pero detrás del zumbido de las pistolas láseres y el rugido de las metáforas universales existe una risa apenas contenida. Esta colección reúne historias donde el género se burla de sí mismo sin abandonar su rigor especulativo.
Nathan French, un matemático cuyo rostro recuerda al de un caballo, trabaja en un laboratorio sobre los acantilados del Pacífico. Mientras sus colegas huyen del estado por una predicción de terremoto, él permanece absorto en sus ecuaciones, obsesionado por descubrir si la computadora o él mismo cometió el error. El desastre llega a las dos y treinta y dos de la tarde, exactamente como había calculado. Solo después, mirando hacia donde Europa debería estar más cerca, comprende que su triunfo matemático fue también su error.
Pero Nathan es solo uno entre muchos personajes extraños. Están Caedman Wickes, investigador privado especialista en casos peculiares; Félix Funck, un siquiatra envuelto en dilemas profesionales; ejércitos de Clark Kents confundidos; y máquinas de personalidad imposible. Una esfera de hojalata nostálgica, un robot transparente fascinado por sus propias vísceras, una bomba H ególatra con un ojo azul y voz propia. Incluso hay un aparato colosal que come tierra mientras canta St. James Infirmary.
Los temas formales parecen serios: terremotos catastróficos, mundos desquiciados, invasiones de arañas, canibalismo, dispositivos para hacer estallar el universo como terapia. Pero la ejecución los transforma en algo diferente. Damon Knight construye un relato que parece profundamente sensato hasta la última línea. Andrew J. Offutt mezcla el humor más negro con frivolidades puras. Henry Kuttner juega con máquinas fabulosas y constantes burlones.
Esta es una ciencia ficción que se anima a reír, que reconoce la artificialidad de sus propias convenciones y encuentra en esa artificialidad no motivo de lamento sino de diversión.