En su estudio garaje de Headington, el profesor Tolkien trabaja lentamente, rodeado de libros, papeles garabateados y latas de tabaco, en la redacción de la Tierra Media.
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En su estudio garaje de Headington, el profesor Tolkien trabaja lentamente, rodeado de libros, papeles garabateados y latas de tabaco, en la redacción de la Tierra Media. Entre interrupciones voluntarias y la resistencia natural de un escritor desorganizado, compone las historias que transformarían la literatura. Esta biografía recorre los años en que la fama llegó para sorprender a un hombre que prefería la tranquilidad de Oxford, los jardines bien cuidados y el anonimato.
En su estudio garaje de Oxford, sentado frente a una máquina Hammond anticuada, el profesor Tolkien escribe con deliberada lentitud. A su alrededor, el desorden de un creador: libros amontonados, latas de tabaco oscuro, papeles garabateados con historias y genealogías élficas, todo bajo un «polvo distinguido». Fijado con chinchetas está el mapa de la Tierra Media, con itinerarios trazados en tinta azul y negra.
Este espacio alojó la germinación de la obra que transformaría la literatura mundial, en manos de un hombre que rechazaba la fama con tanta convicción como buscaba la soledad. Tolkien, jubilado de su cátedra en Merton, trabajaba pocas horas diarias, fácilmente distraído, perezoso pero tenaz. Amaba lo mundano: jardines, árboles, tierras sin mecanizar, comidas sencillas, la pipa. Sus amigos lo veían como un cruce entre Bilbo y Gandalf, fusión de lo cotidiano y lo extraordinario que definía su carácter.
El éxito de El Señor de los Anillos lo sorprendió y desconcertó. La popularidad que evadía lo persiguió sin tregua, interrumpiendo el retiro de Oxford que había construido cuidadosamente. Protegía su intimidad con celo feroz, otorgaba entrevistas con más dificultad que acceso a primeros ministros, hablaba entre chupadas de pipa con voz baja y dicción confusa que hacía dudar si contaba chistes o murmuraba juramentos.
John Ronald Reuel Tolkien nació en 1892, hijo primogénito de Arthur y Mabel. Su apellido llevaba marca de origen sajón, de ducados ernestinos que una rama familiar abandonó probablemente en el siglo XVIII para emigrar a Inglaterra. Se estableció en Warwickshire, en el corazón industrial que Birmingham forjaba, formando parte de la clase media emergente. En esos orígenes germánicos residía la fascinación que definiría su vida: obsesión por las lenguas, etimologías, raíces profundas de historia y cultura. El viaje del nombre de Tollkiehn a Tolkien era símbolo de esa transformación que caracterizaría toda su obra.
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