Una mujer despierta atrapada en el camarote oscuro de un barco. Cuando reconoce a su captora—alguien en quien confiaba—su esperanza se quiebra. Un año atrás, la inspectora Beatriz Galán perseguía obsesivamente a Daniel Álamo, el asesino…
Descargar
Una mujer despierta atrapada en el camarote oscuro de un barco. Cuando reconoce a su captora—alguien en quien confiaba—su esperanza se quiebra. Un año atrás, la inspectora Beatriz Galán perseguía obsesivamente a Daniel Álamo, el asesino del 'sommelier de mujeres', una red de tráfico que proveía víctimas a clientes adinerados. Su compañera Mónica murió en la operación. Álamo escapó. Ahora Beatriz vive consumida, durmiendo en la comisaría, ignorante de todo lo que no sea encontrarlo. Su equipo se retuerce bajo la presión mientras el comisario Almeida impone cambios que ella rechaza con desprecio. El inspector Andrés Martín regresa del retiro traumatizado cuando todo amenaza con colapsar.
La novela comienza en la penumbra de un camarote de barco. Una mujer despierta golpeada por la sedación, sin comprender cómo llegó allí, cómo perdió el control de su propio cuerpo. Lentamente recupera la conciencia entre el olor a sal y herrumbre. Busca la salida, grita, reza. Cuando escucha pasos acercándose y ve abrirse la puerta, finalmente espera ayuda. En cambio, escucha una voz estridente, avejentada, cruel. Una voz que conoce. La voz de su captora.
Esta escena traumática abre una novela de suspenso ambientada en los pasillos de una comisaría madrileña, donde un año atrás se cerró un caso que cambió para siempre la vida de varios policías. La inspectora jefe Beatriz Galán perseguía a Daniel Álamo, el asesino que orquestaba una red de tráfico de mujeres bajo la fachada de un ‘sommelier’ para hombres adinerados. Junto con su socio Alfonso Robles, Álamo proveía víctimas y ejecutaba crímenes encubiertos como suicidios o accidentes. La persecución fue brutal: la subinspectora Mónica Vidal murió durante el operativo. Pero Álamo logró escapar.
Un año después, la obsesión de Beatriz ha consumido su vida. Duerme en su despacho, vive y respira la búsqueda del criminal, ajena completamente a cualquier otro caso. Su equipo—Ruth y León—se retuerce bajo el peso de una unidad sin recursos, sin personal suficiente para las tareas que les encomiendan. El comisario Almeida observa cómo su inspectora jefe se desmorona lentamente, mostrando un desprecio cada vez mayor por la autoridad y por cualquier cambio que le propongan. Cansado de cubrirla ante la superioridad, finalmente decide actuar.
El inspector Andrés Martín, traumatizado por la muerte de Mónica, ha pasado un año retirado. Pero cuando regresa a la comisaría para reincorporarse, descubre una unidad al borde del colapso. Su encuentro con Ruth—su compañera, quien lo confronta con dureza sobre su aislamiento—lo devuelve a la realidad. Sin embargo, la culpa persiste. Mientras se prepara para su regreso, el comisario pone en movimiento su plan: asignar un nuevo subinspector a Beatriz sin consultarla.
Cuando Jerónimo Marchena entra en el departamento, Beatriz lo contempla incrédula: el joven parece recién salido de la academia, delgado, con gafas gruesas, un cuaderno naranja en las manos. Su compostura desarmante ante el desprecio inicial de la inspectora sugiere que posee algo de lo que Beatriz carece: distancia del trauma. La dinámica entre ellos promete ser explosiva.
La novela teje cuidadosamente los hilos de la obsesión, la culpa y el colapso institucional. Mientras Beatriz busca justicia por Mónica, mientras Andrés intenta recomponer su vida, mientras Jerónimo navega un equipo herido y Almeida intenta restaurar el orden, Daniel Álamo permanece en fuga. Las preguntas que sustentan la trama son simples pero devastadoras: ¿dónde está? ¿Quién lo protege? ¿Qué precio tiene la obsesión por la justicia cuando destruye a los que la persiguen?