En una noche de enero, cuando el viento helador barre las calles de Taulera, Sandra se ve obligada a sacar a pasear a su perro Noa pese al cansancio tras un turno exhausto en la gasolinera.
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En una noche de enero, cuando el viento helador barre las calles de Taulera, Sandra se ve obligada a sacar a pasear a su perro Noa pese al cansancio tras un turno exhausto en la gasolinera. Es un recorrido rutinario que ella y la perra hacen cada noche en la urbanización de las afueras: suben por una calle con pendiente hacia el bosque y regresan. Pero esta noche será diferente. Cuando Noa comienza a quejarse y corre hacia el camino forestal, Sandra la sigue. Allí, iluminado apenas por una farola cercana, encuentra a un chico no mayor de trece o catorce años, sangrando profusamente de una herida en el cuello. Con las manos temblorosas, Sandra llama a emergencias mientras intenta contener el sangrado con su bufanda, abrazando al niño para darle calor en esa noche gélida.
En una noche de enero, cuando el viento helador barre las calles de Taulera, Sandra se ve obligada a sacar a pasear a su perro Noa pese al cansancio tras un turno exhausto en la gasolinera. Es un recorrido rutinario en la urbanización de las afueras, pero esta noche será diferente. Cuando Noa corre hacia el camino forestal, Sandra la sigue y allí encuentra a un chico de trece o catorce años, sangrando de una herida en el cuello. Con las manos temblorosas, Sandra llama a emergencias mientras intenta contener el sangrado con su bufanda, abrazando al niño para darle calor.
El hallazgo pone en movimiento a varios personajes cuyas vidas convergen en torno al misterio del ataque. Anna, inspectora de la comisaría de Mossos d’Esquadra, estaba repasando atestados cuando recibe la llamada. Es una mujer experimentada, impaciente con los trámites, que espera ascender en su carrera. Junto a Víctor, su subordinado recién graduado, se dirige al lugar. Por su parte, Sofía Valle, jueza de instrucción agotada por una semana de guardia, acaba de meterse en la cama cuando suena su teléfono. Conoce a Anna desde hace años y comparten la responsabilidad de investigar lo que parece ser un crimen sin motivo aparente.
Entre bastidores, Antonio, vigilante nocturno en una nave industrial, lleva días discutiendo con su hijo Roger. Intenta establecer normas bajo la influencia de Lena, su novia, quien se prepara para casarse. Sus preocupaciones sobre invitados y trámites burocráticos presionan el hogar, reflejando la tensión cotidiana que existe más allá de los titulares policiales.
Lo que comenzó como un acto de violencia aparentemente aleatorio en un camino forestal se revela como algo más complejo. El niño logra susurrar: «ella… me ha cortado», una mención que introduce un elemento de premeditación. Anna y Sofía deberán desentrañar no solo quién atacó al chico, sino por qué. Las primeras horas de investigación abrirán puertas a historias entrelazadas, secretos guardados, motivaciones que escapan a la lógica ordinaria.
La novela teje una red de personajes ordinarios cuyas vidas se intersectan en torno a un acto de violencia que desafía comprensión. Sandra, que solo quería completar su paseo; Anna, que buscaba ascender; Sofía, que anhelaba descanso; Antonio, que lucha por mantener su familia, y un niño cuyo nombre e historia permanecen en las sombras. En Taulera, población industrial a las afueras de Barcelona donde el aire huele a química y las emergencias se tratan con protocolos rutinarios, ocurre algo que no se explica fácilmente, algo que exigirá que cada personaje enfrente verdades incómodas sobre su propio mundo.
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