Billy Harrow recorre los pasillos del Centro Darwin como conservador de especímenes marinos. Su rutina consiste en guiar grupos de visitantes fascinados a través de colecciones de animales preservados en formol.
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Billy Harrow recorre los pasillos del Centro Darwin como conservador de especímenes marinos. Su rutina consiste en guiar grupos de visitantes fascinados a través de colecciones de animales preservados en formol. Pero el verdadero imán es el calamar gigante que descansa en un tanque de nueve metros en el corazón del museo. Cuando lleva a sus visitantes a verlo, descubre algo imposible: el tanque y el cefalópodo han desaparecido sin dejar rastro.
En el Centro Darwin, un museo de historia natural en Londres, Billy Harrow trabaja como conservador de especímenes marinos. Su vida transcurre entre pasillos saturados de botellas y tarros, en los que reposan criaturas del mar conservadas en formol: moluscos, peces planos, ratones sepia, fetos de formas arcanas. Billy es un hombre joven, aún en sus veintinueve años, con aspecto más juvenil del que su edad sugeriría. Lleva una vida rutinaria pero peculiar, realizando visitas guiadas para grupos de visitantes a través del laberinto de especímenes.
Estas visitas siguen un patrón predecible. Billy recibe a grupos variados: niños acompañados por sus padres, parejas de jóvenes abochornados, turistas ocasionales, y cada vez más frecuentemente, lo que Billy ha aprendido a llamar «obsesos»: visitantes que saben más de lo esperado y que a veces interrumpen sus explicaciones con preguntas minuciosas o correcciones científicas.
La verdadera razón por la que todos acuden es una sola: el calamar gigante. Architeuthis dux, un ejemplar de más de ocho metros hallado en 2004 frente a las Islas Malvinas, reposa en un enorme tanque de nueve metros lleno de salmuera y formol en el corazón del Centro Darwin. Es una criatura monumental, carente de ojos pero inconfundible en su magnitud. Para Billy, que ayudó a prepararlo cuando llegó al museo, el calamar representa algo más que un espécimen: es la singularidad que atrae todo el interés hacia la sala, un evento tentacular que eclipsa todo lo demás, incluso los valiosos trece frascos con especímenes recogidos por el propio Charles Darwin hace doscientos años.
Un día cualquiera, Billy llega con su grupo de visitantes a la sala del tanque siguiendo su rutina de siempre. Pero descubre algo que desafía toda lógica: el tanque ha desaparecido. El calamar gigante, los miles de litros de líquido de preservación, la majestuosa criatura que ha cautivado a generaciones de visitantes, se ha esfumado sin dejar rastro aparente.
Lo que comienza como una rutina museística se convierte en un misterio imposible.