Encerrado en Trenton State, una de las prisiones más peligrosas del país, cumpliendo doscientos ochenta y seis años de condena, un hombre reflexiona sobre su naturaleza sin remordimientos.
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Encerrado en Trenton State, una de las prisiones más peligrosas del país, cumpliendo doscientos ochenta y seis años de condena, un hombre reflexiona sobre su naturaleza sin remordimientos. Su memoria perfecta le devuelve cada detalle de una infancia marcada por la violencia de unos padres que lo destinaban a la crueldad. Nunca sintió culpa. Fue un mercenario de la muerte durante cuarenta años, y ahora, al final de su camino, contempla la puerta de acero por la que solo saldrá muerto.
En Trenton State, la prisión de máxima seguridad más antigua del país, un hombre contempla la puerta de acero por la que entró y por la que solo saldrá muerto. Cumple doscientos ochenta y seis años de condena por crímenes cuya brutalidad lo convirtió en leyenda entre los criminales. Pero en su celda solitaria, reflexiona sin arrepentimiento sobre una vida que afirma haber sido predicada desde antes de nacer.
Su infancia fue el prólogo de una naturaleza incapaz de remordimiento. Hijo de un padre violento y una madre alcohólica, presenció desde niño cómo la crueldad reemplazaba el amor. Vio a su hermano asesinado por su propio padre con un golpe certero. Fue entrenado en la violencia, obligado a vengarse de sus agresores, modelado como arma. Su memoria, que describe como ancestral y literal, le permite recordar todo como sucedió: los gritos en el vientre materno durante las palizas a su madre, el fuego consumiendo el cuerpo de un animal indefenso, el cinturón del padre alcanzando su rostro.
Lo que lo define no es la debilidad, sino una desconexión profunda de la culpa. Pasó cuarenta años cometiendo homicidios, algunos por dinero, otros aparentemente por placer. Sobrevivió a sus padres, a sus cómplices, a la brutalidad policial, a la vida carcelaria. Ahora, sin familia, sin vínculos, sin nada que lo retenga en un mundo que no le importa, aguarda su muerte. Su única obsesión con el pasado no es el crimen, sino lo que no hizo: no matar a su padre. Ese arrepentimiento tardío es el único que conoce.