En las remotas llanuras volcánicas de Turak IV, la Alianza Rebelde había levantado una base secreta dentro de las montañas Hitak, convencida de su superioridad numérica.
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En las remotas llanuras volcánicas de Turak IV, la Alianza Rebelde había levantado una base secreta dentro de las montañas Hitak, convencida de su superioridad numérica. Cuando el General Maltaz desembarca con sus fuerzas imperiales, surge la confrontación que desafía todas las expectativas. La llegada del Martillo del Infierno, legendaria división de tanques repulsores bajo el mando del Coronel Zel Johans, transforma lo que pudo ser un triunfo en una batalla devastadora que marca el punto de quiebre de la guerra rebelde.
Dieciocho meses después de la destrucción de la Estrella de la Muerte, la Alianza Rebelde consolida su presencia en el sector de Parmel mediante operaciones exitosas contra objetivos militares imperiales. Cuando sus avanzadas descubren la ubicación de una base secreta rebelde en Turak IV, el Alto Mando ve la oportunidad de enfrentar al General Maltaz, un comandante históricamente propenso al error táctico.
En el planeta volcánico de Turak IV, dentro de una cordillera minera abandonada hace mucho tiempo, la Alianza ha construido su mayor base secreta. Allí los Harriers de Hitak preparan sus defensas. Cuentan con más de dos mil doscientos soldados, trescientos vehículos blindados de asalto, incluyendo tanques de última generación, artillería móvil y naves de combate. Ocultos en túneles mineros circundantes aguardan cuatro mil seiscientos soldados de reserva, escuadrones aéreos y unidades de artillería. Con una superioridad numérica de cinco a uno, los rebeldes confían en repeler cualquier ataque.
Pero el destino interviene de forma inesperada. El Martillo del Infierno emerge de las sombras: una legendaria división de tanques repulsores procedente de las Guerras Clónicas, resucitada bajo el mando del Coronel Zel Johans. Compuesta por más de cien tanques repulsores, ataca con una rapidez y ferocidad que desmoralizan las defensas rebeldes. Los Martillos barren las posiciones avanzadas, destruyen la artillería fija, liquidan los cazas en vuelo bajo.
El General Maltaz comete su primer error: divide sus fuerzas, ordenando al Coronel Johans que mantenga sus posiciones mientras él conduce el grueso del regimiento hacia el corredor occidental. Allí aguarda la trampa rebelde. Desde las alturas volcánicas se desencadenan las fuerzas de reserva sin piedad. El regimiento de Maltaz queda atrapado, sobrepasado en número y bajo fuego concentrado.
Sobrepasados pero no derrotados, los Martillos infligen un daño cuatro veces mayor al que reciben. Su efectividad, velocidad y potencia concentrada hacen que cada tanque valga decenas de vehículos rebeldes. Solo tres tanques sobreviven. La llegada de naves capitales de la Alianza permite finalmente la evacuación rebelde.
Turak IV se convierte en una victoria pírrica: la Alianza repele la invasión pero a un costo devastador. Miles de bajas rebeldes, cientos de vehículos destruidos. Para el Imperio, el Martillo del Infierno se convierte en leyenda viviente. El Alto Mando imperial eleva al Coronel Johans a estatus de héroe, designando su división como componente crucial de la supresión de la Rebelión. La lección es brutal: los enfrentamientos convencionales contra unidades imperiales resultan en catástrofe. La guerrilla y la estrategia selectiva son los únicos caminos viables hacia la victoria.
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