Brin Ohmsford posee la Canción de los Deseos, una magia élfica que le permite transformar la naturaleza con su voz. Cuando el otoño llega al Valle Sombrío y sus padres se marchan en viaje sanador, ella queda a cargo de su hermano Jair.
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Brin Ohmsford posee la Canción de los Deseos, una magia élfica que le permite transformar la naturaleza con su voz. Cuando el otoño llega al Valle Sombrío y sus padres se marchan en viaje sanador, ella queda a cargo de su hermano Jair. Rumores sobre caminantes negros, criaturas de magia oscura, comienzan a sembrar inquietud en la aldea. La promesa hecha a su madre de no usar la magia choca con el peligro que acecha fuera del valle, revelando que el poder que controla puede ser tan destructivo como protector.
El otoño se aproxima al Valle Sombrío. Brin Ohmsford se detiene junto a un viejo arce de tronco nudoso, sus ramas tiñéndose del rojo que cambió años atrás con su magia infantil. Es una joven alta, serena, de cabello negro que hereda de su madre Eretria el aspecto y de su padre Wil el carácter disciplinado. Ambos son respetados sanadores del valle.
Brin posee un don raro: la Canción de los Deseos, una magia élfica que la atraviesa como una purificación. Canta, sin ensayo ni premeditación, y la naturaleza responde. Ha aprendido a tranquilizar animales salvajes, a transformarse en parte de cualquier criatura viviente. Su padre, que conoce los peligros de la magia tras usar piedras élficas años atrás, guarda los artefactos mágicos y desconfía de los poderes de sus hijos.
Mientras sus padres se preparan para un viaje bianual hacia aldeas del sur —ausencia de más de dos semanas—, su madre le pide una promesa: ni ella ni Jair usarán la Canción de los Deseos. Eretria advierte sobre los caminantes negros, criaturas de magia oscura que rondan fuera del valle y de las que se habla cada día en la posada. La magia llama la atención. Por eso debe evitar que Jair, impulsivo y secretamente atraído por experimentar sus poderes, la use.
Con Rone Leah, un joven montañés que lleva la histórica espada de su casa, Brin y Jair exploran los bosques al atardecer. Mientras caminan entre árboles que proyectan largas sombras, Jair sugiere aventurarse al bosque de Duln. Rone muestra una resistencia extraña, algo insólito en alguien que ha viajado con ellos docenas de veces. Su mención de un perro lobo encontrado en el camino intranquiliza a Brin, que intuye un cambio fuera del valle.
El viaje de regreso bajo la luna llena trae consigo una tensión creciente. Los rumores de caminantes negros que Brin había desestimado adquieren peso diferente. La promesa a su madre y el llamado de poderes aún incomprendidos presagian que los próximos días le exigirán más que disciplina y reflexión.
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