En la noche del desfiladero de Tela de Araña, donde las hogueras brillan en rostros de bronce, un jefe blanco llamado Stephen Latch une fuerzas con el implacable Satana, jefe de los kiowas.
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En la noche del desfiladero de Tela de Araña, donde las hogueras brillan en rostros de bronce, un jefe blanco llamado Stephen Latch une fuerzas con el implacable Satana, jefe de los kiowas. Su alianza tiene un propósito único: saquear las caravanas que cruzan las llanuras durante la Guerra Civil, haciendo que desaparezcan sin dejar rastro en la frontera. Pero la disciplina y la lealtad que Latch exige enfrentan la rebelión constante de sus propios hombres, quienes ansían alcohol y acción sin límites.
En el desfiladero de Spider Webb, donde las hogueras arden bajo algodoneros altos, una banda de forajidos descansa en la noche de verano. Sus rostros, iluminados por el fuego, pertenecen a hombres de diversos orígenes: desertores confederados, criminales urbanos, buscadores de oro y vagabundos de la frontera. Entre ellos se sienta Satana, jefe de los kiowas, cuyo rostro acerado de aguda geometría oculta una historia de sangre y maldad.
Stephen Latch, quien comanda esta banda, es hijo de un plantador de Luisiana arruinado por la Guerra Civil. Rechazado por la Confederación, transformó su amargura en guerra contra todos: primero como guerrillero, luego como criminal de frontera. Su banda creció entre los restos humanos que dejaba la contienda: desertores, proscritos, hombres sin nombre ni esperanza que vivían al margen del tráfico de caravanas que cruzaban hacia el oeste.
Latch posee la mente estratégica que sus seguidores carecen. Mientras otros buscan únicamente alcohol y dinero, él concibe un plan ambicioso: una campaña sistemática contra las caravanas yanquis que atraviesan las llanuras. Su alianza con Satana es crucial: usará alcohol robado para incitar a los guerreros kiowas a atacar a los comerciantes, eliminando toda huella de los crímenes. Las caravanas desaparecerían sin rastro, sus carros hundidos en el desfiladero, sus ocupantes aniquilados.
Pero el dominio de Latch sobre su banda es precario. Su lugarteniente Leighton desafía su autoridad exigiendo whisky. Sprall, Waldron, Mandrove, Creik y Texas, los más feroces, lo respaldan. Keetch, veterano de dos décadas en la frontera, mediaba con prudencia. Y aparece Cornwall, mozalbete de diecinueve años cuyo rostro hermoso disimula una crueldad suprema, quien defiende a Latch con su pistola.
El desfiladero se convierte en campo de tensiones mortales. Latch debe equilibrar la amenaza de motín, proteger su depósito de alcohol, mantener la alianza con Satana y ejecutar un plan que exige disciplina de hierro en una banda de hombres sin ley. Cada decisión es cuestión de vida o muerte en la frontera durante la guerra que desangra al país.
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