Gabriel Mexía hereda la mansión de su tío Manuel de Medina, figura política influyente que muere inesperadamente en Bolivia. La noticia lo envuelve en ceremonias de Estado y trámites de herencia en una Buenos Aires de 1861.
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Gabriel Mexía hereda la mansión de su tío Manuel de Medina, figura política influyente que muere inesperadamente en Bolivia. La noticia lo envuelve en ceremonias de Estado y trámites de herencia en una Buenos Aires de 1861. En el funeral, entre autoridades y protocolos, reaparece Esperanza Salvatierra, su amiga de infancia, quien lo acompaña en ese acto solemne. Mientras Gabriel enfrenta los asuntos heredados, sus recuerdos resurgen: la muerte ha sido constante, arrebatándole familia tras familia. Ahora debe ordenar el legado en una ciudad de intrigas políticas.
Buenos Aires, 1861. Gabriel Mexía recibe la noticia de la muerte de su tío Manuel de Medina en Bolivia. La noticia llega a través de un correo entregado por un cabo de la Guardia Nacional. Gabriel se presenta en la comisaría central donde el comisario Balbuena le informa que el presidente de la República ha ordenado el traslado de los restos. Manuel de Medina era un hombre admirado, respetado por su labor en favor de la nación. Gabriel hereda la vieja mansión que perteneció a su tío, figura que se convirtió en su padre tras las pérdidas acumuladas: su padre y madre a quienes apenas recuerda, su tía Maggie que lo crió, su tío Carlos Mexía. Manuel fue quien completó su educación y formación como persona. Días después, llega la invitación oficial para las exequias en el cementerio de la Recoleta. En la ceremonia, mientras las autoridades desfilan para ofrecer condolencias y el presidente impone la Gran Cruz de la Orden del Libertador San Martín, Gabriel encuentra apoyo inesperado en Esperanza Salvatierra, hija del capitán Salvatierra. Esperancita fue su compañera en la travesía que lo trajo a Argentina años atrás, cuando ella tenía apenas seis años. No se habían visto desde que Gabriel viajó al sur de la Patagonia en negocios, casi un año antes. Su reencuentro en el cementerio lo reconforta en medio del protocolo y la solemnidad. Mientras recorren el cementerio, observando las magnificas construcciones funerarias que testimonian la prosperidad de Buenos Aires, Gabriel y Esperanza conversan sobre sus vidas. Ella le confiesa que pronto regresará a España con su padre, quien ya es mayor. Gabriel considera también volver a su tierra, aunque la presencia de Esperanza lo hace repensar. Se reencuentran en La Rosa de los Vientos, una terraza, donde la conversación adquiere carácter más íntimo. En los días siguientes, Gabriel debe ocuparse de los asuntos legales de la herencia. El notario Jacobo Casamayor guardaba el testamento y será quien lo guíe en los procedimientos. Mientras los periódicos especulan sobre quién será el heredero, Gabriel comienza a ordenar su vida en la mansión heredada, en una Buenos Aires de intrigas políticas.
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