Una escena clara del inicio: Ewen MacLeod, capitán de frontera, recibe la noticia de que Edgerston está en llamas. Persigue a los atacantes ingleses y descubre algo inesperado: la líder del grupo es una mujer.
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Una escena clara del inicio: Ewen MacLeod, capitán de frontera, recibe la noticia de que Edgerston está en llamas. Persigue a los atacantes ingleses y descubre algo inesperado: la líder del grupo es una mujer. La captura, pero el encuentro despierta sentimientos que nunca esperó. Ella afirma ser inocente de los crímenes, pero será prisionera en la fortaleza escocesa.
Ewen MacLeod ejerce como capitán de la guarnición del fuerte de Edgerston desde hace cinco años, un cargo que alcanzó a los veintisiete gracias a sus dotes militares y al favor de la corona. Hijo de las Highlands, renunció hace tiempo a una vida tranquila para convertirse en soldado, apartando de sí los sentimientos que lo hacían flaco. Su único objetivo es ascender: gobernar la frontera entre Escocia e Inglaterra, territorio de paz inestable donde los enfrentamientos entre pueblos son constantes.
Cuando los centinelas gritan que Edgerston está en llamas, Ewen no duda: cabalga hacia el pueblo con su tropa. El panorama lo acoge con una visión apocalíptica: todos los edificios arden, el olor a carne quemada permea el aire. No es un robo común de ganado. Es una masacre. Despliega a sus hombres para rescatar supervivientes mientras él mismo persigue a los atacantes hacia el sur, donde se pierde una nube de polvo que marca la huida de los ingleses.
La persecución es feroz, cuerpo a cuerpo, acelerada y despiadada. El fugitivo que encabeza la retirada es ágil, ligero, extraordinariamente rápido. Ewen lo persigue a caballo, luego a pie, atravesando el terreno agreste. Cuando finalmente lo derriba, algo lo paraliza: unos ojos azules grandes, una piel de alabastro salpicada de pecas, mechones de rubio muy claro escapándose de una capa. Es una mujer.
La mujer asegura que no han matado a nadie. Que entraron al pueblo solo para robar ovejas, que los lugareños estaban vivos cuando salieron. Ewen no la cree, pero sí se sorprende: ¿qué impulsa a una mujer a participar en una redada de guerra? Así, entre acusaciones y negativas, la ata y la lleva prisionera al fuerte, sin saber que ese encuentro en la frontera va a transformar ambas vidas.
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