En el comedor del instituto Shadyside, Cory Brooks hace acrobacias de gimnasia cuando ve a una chica rubia de ojos azules que flota entre los escritorios. Solo dura un segundo, pero la obsesión es inmediata.
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En el comedor del instituto Shadyside, Cory Brooks hace acrobacias de gimnasia cuando ve a una chica rubia de ojos azules que flota entre los escritorios. Solo dura un segundo, pero la obsesión es inmediata. Durante días la busca sin encontrarla. Nadie más la ha visto. Cory ni siquiera está seguro de que sea real. Mientras tanto, un prólogo revelaba algo más oscuro: alguien ha asesinado a Anna con pasmosa facilidad, confesando el crimen con sarcasmo helado. En Shadyside convergen dos historias: la de una chica que no parece existir y la de un crimen que suena demasiado fácil.
En el comedor del instituto Shadyside, un adolescente llamado Cory Brooks realiza un acto de equilibrio. Está cabeza abajo, sostiene una bandeja con comida en una sola mano, apoyado en la cabeza y la otra. Es una hazaña presumida que termina como era de esperar: cae dentro de su propio plato entre las carcajadas de sus compañeros. Pero en ese instante, mientras observa el mundo al revés, ve algo que lo cambia todo: una chica rubia, pálida, de ojos azules. Ella corre entre la multitud. Sus miradas se cruzan brevemente. Hay algo en esos ojos, una advertencia silenciosa. Ella desaparece.
Cory no puede olvidarla. Durante tres días la busca obsesivamente en pasillos y comedores, espera junto a puertas, pregunta a amigos. Nadie la ha visto. Nadie se acuerda de ella. Es como si no existiera, excepto que Cory la vio. Lo más extraño es cómo se mueve cuando aparece: no camina, flota sobre el suelo. Sus pies no hacen sonido. Cuando intenta dirigirse a ella en el pasillo, sus labios se mueven pero apenas puede oírla susurrar: “Por favor, no”. ¿Qué quiso decir?
Una noche Cory sueña con ella. Ella se acerca en el comedor, sus ojos azules brillan bajo la luz. Se inclina sobre él y comienza a besarlo suavemente. Pero sus besos no tienen sensación. Cuando intenta tocar su rostro, su mano atraviesa el aire. Cuando intenta abrazarla, no hay nada que abrazar. El sueño es hermoso y aterrador, teñido de un frío imposible.
Pero antes, el prólogo reveló un secreto más oscuro. Alguien se para sobre un cadáver. Es Anna, una chica que “siempre ibas impecable, radiante, como si fueras una princesita”. Ahora está muerta, arrugada, rodeada de sangre. El confesor habla con frialdad absoluta, casi con alegría. “Fue tan fácil”, confiesa. “Simplemente un empujón, y ya está”. No hay remordimiento real, solo una risa histérica.
Shadyside es un pueblo donde la adolescencia discurre bajo una sombra más oscura. El instituto tiene un equipo de gimnasia. El viento otoñal trae hojas marrones. El cielo oscurece con promesa de nieve. Pero bajo esta superficie ordinaria, dos historias convergen en algo más complejo. Una chica que no debería existir, obsesionando a un muchacho real. Un crimen que fue demasiado fácil, confesado con tono de locura. ¿Qué conexión existe entre la chica imposible y la muerte de Anna?