Recluido en el monasterio de Yuste, Carlos V aún condenaba en sus cartas a los protestantes castellanos descubiertos en Sevilla y Valladolid. Desde esta imagen emerge la investigación de Rafael Carrasco, que desafía el mito historiográfico…
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Recluido en el monasterio de Yuste, Carlos V aún condenaba en sus cartas a los protestantes castellanos descubiertos en Sevilla y Valladolid. Desde esta imagen emerge la investigación de Rafael Carrasco, que desafía el mito historiográfico del emperador europeo unitario. El libro revisa cómo la historiografía construyó esta figura y examina la realidad compleja de la España imperial: un territorio donde junto al poder político convivían la Inquisición, la persecución sistemática de conversos y moriscos, y la pobreza estructural. Carrasco no propone una nueva hagiografía, sino una comprensión rigurosa de cómo el presente siempre tiñe la lectura del pasado.
En los últimos años de su vida, recluido en el monasterio de Yuste, Carlos V continuaba condenando desde sus cartas a los protestantes descubiertos en Castilla. Esta imagen concreta abre la revisión que Rafael Carrasco realiza de la empresa imperial carolina: no como encarnación de valores europeos unitarios que algunos historiadores quisieron ver, sino como proyecto atravesado por profundas contradicciones. El libro desafía las mitificaciones que surgieron durante el siglo XX, cuando ciertos historiadores buscaron en Carlos V la prefiguración de una Europa unida de raíces cristianas. Carrasco muestra cómo estas lecturas respondían menos a la evidencia histórica que a los intereses políticos y religiosos de los contextos que las produjeron. Su investigación examina críticamente cómo la historiografía ha construido la figura del emperador. La realidad que emerge es más compleja. La empresa imperial española poseía una dimensión doble: la participación de los reinos españoles en el vasto conglomerado imperial centrado en el Sacro Imperio Romano Germánico, y la construcción simultánea de un imperio colonial específicamente castellano en ultramar. Sin embargo, este poder político convivía con instituciones y prácticas que estructuraban la vida cotidiana según lógicas muy distintas. La Inquisición operaba con renovada actividad, ampliando progresivamente sus esferas de acción. La obsesión por la limpieza de sangre dividía la sociedad entre cristianos viejos y nuevos, creando dispositivos legales de exclusión. Los moriscos enfrentaban el fracaso de campañas de evangelización forzada. Y debajo de estas tensiones religiosas, la pobreza estructural caracterizaba la existencia de amplios sectores: viudas pauperizadas, pobres rurales. Carrasco inscribe estos fenómenos no como detalles marginales de un proyecto glorioso, sino como constitutivos de la realidad misma del imperio. Su obra propone entender por qué ciertas interpretaciones historiográficas ganaron predominancia en momentos específicos, reconociendo que la lectura del presente siempre tiñe la comprensión del pasado.
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