Charlotte cierra un manual sobre los deberes de una esposa perfecta con un bufido de exasperación. A los veintidós años, esta joven criada en el campo se resiste a abandonar su independencia y sus ideas progresistas por cumplir con las…
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Charlotte cierra un manual sobre los deberes de una esposa perfecta con un bufido de exasperación. A los veintidós años, esta joven criada en el campo se resiste a abandonar su independencia y sus ideas progresistas por cumplir con las convenciones de la alta sociedad de Bath. Su tía Margaret, empeñada en casarla, la somete a lecciones exhaustivas sobre modales, apariencia y comportamiento. Esa noche asistirá a su primer baile importante, donde un vizconde irritado también será arrastrado a un juego de emparejamientos románticos. En el choque entre quien se niega a ser moldeada y quien lucha contra las expectativas, nace una historia sobre la búsqueda de autenticidad en tiempos de rígidas normas sociales.
En Bath, durante la primavera de 1831, Charlotte se debate entre dos mundos irreconciliables. Procedente de una aldea rural donde ha vivido en libertad intelectual, criada por su padre para pensar y actuar libremente, se encuentra ahora bajo el yugo de su tía Margaret, decidida a transformarla en una “esposa perfecta” según los cánones del momento. La tía la ha reclutado con un propósito: conseguirle un marido de posición antes de que el futuro económico de Charlotte dependa de su hermano mayor. Charlotte rechaza los manuales insípidos que le prescriben obediencia ciega, frugalidad extrema, abandono de sus intereses intelectuales. Rechaza que su piel pierda el bronce saludable del sol campestre, que su voz deba ser siempre humilde y sus palabras siempre escuetas. Rechaza convertirse en un florero decorativo. Sin embargo, ha hecho una promesa a su padre: intentará casarse, pero si en tres meses no lo logra, regresará a Parham, a sus estudios de botánica y su club literario. Tiene poco qué ofrecer en el mercado matrimonial: es hija de un baronet sin fortuna, pasada la edad considerada apropiada para debutar, sin belleza deslumbrante. Esa noche llega el baile de los condes de Newbury, el evento más selectivo de la temporada. Charlotte está nerviosa. También Edward Holne, quinto vizconde de Eversley, cede a la irritación cuando su hermana Louise, anfitriona de moda en Bath, lo atrapa en su último juego: escribir nombres de solteras en papelitos y que los caballeros extraigan uno al azar. Quien lo saque será su “Julieta” por la noche. Es una manera disfrazada de hacer de celestina, y Edward, hombre que evita los bailes, se ve nuevamente acorralado.