Octubre de 1975: miles de personas llenan la plaza de Oriente de Madrid para vitorelar a Franco en lo que será su última aparición pública. Apenas siete semanas después muere el dictador.
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Octubre de 1975: miles de personas llenan la plaza de Oriente de Madrid para vitorelar a Franco en lo que será su última aparición pública. Apenas siete semanas después muere el dictador. Este estudio examina la paradoja de la Transición española: a pesar del masivo apoyo aparente al franquismo, los partidos ultraderechistas obtuvieron resultados electorales desastrosos en las primeras elecciones democráticas. A través del análisis sociopolítico, se rastrea cómo una sociedad anclada en el franquismo había iniciado silenciosamente su propio cambio.
En octubre de 1975, la plaza de Oriente de Madrid se llena con cientos de miles de personas gritando adhesión a Franco. Apenas dos meses después, el dictador muere y con él desaparece el único icono capaz de movilizar a la España franquista. Este libro se pregunta por qué, tras esa masiva demostración de lealtad al régimen, los partidos ultraderechistas fueron completamente rechazados en las primeras elecciones democráticas de 1979, cuando Fuerza Nueva consiguió apenas un diputado.
La respuesta no es simple. Durante los años sesenta, la sociedad española experimentó transformaciones profundas que el régimen había favorecido pero no sabía controlar. El desarrollo económico llevó a la industrialización, la urbanización y el cambio de mentalidades. La represión, que había sofocado protestas en décadas anteriores, comenzó a radicalizar a los trabajadores en lugar de frenarlos. Multitudes crecientes demandaban libertad sindical, derecho de huelga y amnistía. En 1974 y 1975, catorce millones de jornadas se perdieron anualmente por conflictos laborales, cifra sin precedentes en el contexto europeo.
La última década del franquismo fue la de un régimen debilitado socialmente. Una sociedad que había permanecido políticamente indiferente en los años sesenta despertaba ahora a la idea de que el cambio era necesario. Entre los jóvenes, crecía la conciencia de que tras Franco vendría algo diferente. Incluso muchos dirigentes del régimen más jóvenes eran conscientes de que no tenían futuro en un sistema que se desmoronaba.
Lo que aparentaba ser un apoyo mayoritario al franquismo era el reflejo de tres décadas de represión y control. Cuando llegó el momento de elegir libremente, la sociedad española optó por la democracia con un consenso abrumador. La extrema derecha quedó fuera del nuevo orden no porque fuera derrotada, sino porque la realidad política, económica y social había evolucionado más allá de lo que cualquier partido nostálgico podía ofrecer.
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