En un radiante día de marzo de 1850, Gregorio contempla desde la escalinata de su casa en Krasnoyarsk el esplendor nevado de Siberia. Hijo único de una familia de antiguos creyentes acomodada, el muchacho desconoce que su destino está ya…
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En un radiante día de marzo de 1850, Gregorio contempla desde la escalinata de su casa en Krasnoyarsk el esplendor nevado de Siberia. Hijo único de una familia de antiguos creyentes acomodada, el muchacho desconoce que su destino está ya trazado en aquellas tierras remotas donde la frontera entre Rusia y China permanece borrosa, donde los secretos y los conflictos dormidos esperan despertar.
En marzo de 1850, un joven llamado Gregorio observa desde la casa paterna cómo el sol invernal ilumina las montañas y el río Yenisei congelado en Krasnoyarsk. Pertenece a una familia de mercaderes antiguos creyentes, los Anañevij, cuyas raíces en aquella región siberiana se remontan a tiempos de Catalina II. Su padre, Mateo Pavlovich, es un hombre fuerte y severo en sus tradiciones; su madre, Pelagia, vive en una suerte de melancolía silenciosa; y su tía Glafira, de carácter inflexible, ha criado al muchacho desde su infancia.
La novela transcurre en la Gran Taiga, ese vasto territorio donde Rusia y China disputaban los límites de sus imperios de forma ambigua e imprecisa. La región del Urianjay, poblada por nómadas urianjes de raza mongólica, comenzaba a recibir pobladores rusos atraídos por sus riquezas: oro, plata, piedras preciosas. Pero en esas comarcas remotas también persistían aldeas clandestinas de antiguos creyentes que habían huido de la persecución gubernamental, buscando un refugio seguro en la impenetrable taiga.
Este relato, basado en hechos verídicos que ocurrieron en el siglo XIX, teje una trama de conflictos ocultos, fronteras inciertas y tradiciones en colisión, donde el destino de los personajes se entrelaza con los secretos de aquellas tierras casi inexploradas.
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