Tumbado sobre la línea de media cancha, Neil contempla el estadio que lo rodea, ese lugar llamado la Madriguera. Acaba de regresar de unas vacaciones que lo han dejado marcado —literalmente— por un enfrentamiento que cambió su aspecto.
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Tumbado sobre la línea de media cancha, Neil contempla el estadio que lo rodea, ese lugar llamado la Madriguera. Acaba de regresar de unas vacaciones que lo han dejado marcado —literalmente— por un enfrentamiento que cambió su aspecto. Bajo el vendaje de su mejilla se esconde un tatuaje que no puede revelar. Su pelo caoba y sus ojos azules lo hacen idéntico a su padre, el asesino del que pasó la vida huyendo. Una amenaza de Riko le impide cambiar su apariencia, condenándolo a vivir con el rostro que más teme.
Tumbado sobre la línea de media cancha, inmóvil bajo la bóveda del estadio, Neil Josten contempla la Madriguera como si fuera la primera vez. El lugar que sus compañeros de equipo llaman simplemente el estadio es para él algo más: un refugio que le permitió construir una nueva vida lejos de la violencia que lo persiguió durante años. Pero ese refugio se tambalea ahora que regresa de unas vacaciones que lo han transformado de maneras que aún no comprende completamente.
Un enfrentamiento con Riko, el capitán rival cuya obsesión por destruirlo no conoce límites, lo dejó marcado. No solo en el cuerpo, donde cicatrices y moratones multicolores trazan un mapa del dolor. Bajo el vendaje de su mejilla se esconde un tatuaje que Riko forzó sobre su piel, un símbolo de posesión y control. Pero hay algo peor que cualquier herida: Riko le ha quitado la máscara que Neil llevaba años construyendo.
Después de nueve años ocultándose con lentillas de color y tintes de pelo, Neil vuelve a verse en el espejo con su verdadero aspecto. El pelo caoba y los ojos de un azul intenso lo convierten en la viva imagen de su padre, el asesino cuya identidad ha pasado la mitad de su vida negando. Es como si Riko, en su crueldad calculada, hubiera decidido exponerlo, hacerlo vulnerable, arrebatarle la última defensa que le quedaba. La amenaza es clara: si intenta cambiar su apariencia, los Zorros pagarán las consecuencias. Neil está atrapado, obligado a cargar con un rostro que lo aterroriza.
Cuando su entrenador lo saca de la cancha, Neil debe enfrentarse a lo que más teme: la reacción de sus compañeros. Mientras espera su regreso del aeropuerto, se pregunta cómo explicar las heridas, cómo justificar el tatuaje, cómo revelar que ya no puede esconderse. Otros descubrirán la verdad cuando lo vean. Y luego está Andrew, quien abandonará el hospital después de siete semanas de internación y tres años sin medicación. Neil tiene poco tiempo para prepararse para lo que viene.
En la residencia de los deportistas, mientras la noticia de su nuevo aspecto se propaga entre el equipo, Neil comprende que el verdadero juego apenas comienza. Los Zorros se enfrentarán a los Cuervos en la final, y Riko está decidido a convertirlo en un blanco vulnerable.
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