Dos conflictos bélicos fundamentaron la expansión territorial estadounidense en el siglo diecinueve. Entre 1846 y 1848, la Guerra Mexicano-Americana permitió que Estados Unidos anexionara más de la mitad del territorio mexicano,…
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Dos conflictos bélicos fundamentaron la expansión territorial estadounidense en el siglo diecinueve. Entre 1846 y 1848, la Guerra Mexicano-Americana permitió que Estados Unidos anexionara más de la mitad del territorio mexicano, consolidando el control sobre Texas, California y otros estados. Cincuenta años después, la Guerra Hispanoamericana de 1898 marcó el despliegue del imperialismo estadounidense al conquistar Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas. Ambas guerras, justificadas bajo la doctrina del «Destino Manifiesto», transformaron la geopolítica americana.
El texto presenta dos guerras que redefinieron los límites territoriales de Estados Unidos. En la primera, cuando las fuerzas estadounidenses ocuparon la capital mexicana en septiembre de 1847, se hizo evidente que la expansión hacia el oeste era irreversible. México, debilitado políticamente e incapaz de resistir la invasión, se vio obligado a aceptar el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, cediendo más de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio. Las raíces del conflicto se remontaban a la doctrina del «Destino Manifiesto», término acuñado en 1845 para expresar la creencia de que Estados Unidos estaba predestinado a expandirse por todo el continente norteamericano. La anexión de Texas en 1845 fue la chispa que encendió la guerra. Texas, que había sido república independiente desde 1836, solicitó formalmente su incorporación a Estados Unidos. El acto de anexión incluía una provocación adicional: declaraba que la frontera sur era el río Bravo, territorio que México consideraba suyo. Cuando una patrulla mexicana atacó a caballería estadounidense en la zona disputada, el Congreso aprobó la declaración de guerra el 13 de mayo de 1846. Cinco décadas después, la Guerra Hispanoamericana de 1898 consolidó el ascenso de Estados Unidos como potencia imperial. La crisis en Cuba, colonia española que luchaba por su independencia, fue amplificada por la prensa sensacionalista estadounidense. El hundimiento del USS Maine en el puerto de La Habana, que costó la vida a 266 marineros, intensificó la presión popular para la guerra. Aunque la causa de la explosión nunca se determinó con certeza, la culpa se atribuyó a España. Con sus flotas destruidas, España se vio obligada a ceder Puerto Rico, Guam y Filipinas a los Estados Unidos, marcando el verdadero comienzo del imperialismo estadounidense.
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