En una casa de campo de Valencia, la llegada de huéspedes de alto rango interrumpe la rutina de los sirvientes. Don Luis, comprometido con una novia desconocida y temeroso de rumores sobre su cordura, descubre en el jardín a Flora, una…
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En una casa de campo de Valencia, la llegada de huéspedes de alto rango interrumpe la rutina de los sirvientes. Don Luis, comprometido con una novia desconocida y temeroso de rumores sobre su cordura, descubre en el jardín a Flora, una joven que vive entre las flores como si fueran sus únicas confidentes. Mientras se tejen secretos sobre quién es Flora y por qué Doña Inés rechaza su matrimonio, el jardín florido se convierte en el escenario donde la pasión desafía los convencionalismos de la época.
En los jardines de una casa de campo cerca de Valencia, la madrugada comienza con el despertar de Tomasa y Juan, sirvientes que trabajan como jardineros. Una carta llega con la noticia: el Barón visitará la finca con su hija Doña Inés. Además, llegarán el Conde de Mondragón y su sobrino Don Luis, quien está comprometido para casarse con Doña Inés. Juan, desde hace meses, cumple como mayordomo improvisado tras la muerte del Tío Robles, y recibe esta responsabilidad como una extensión de su deber. La conversación entre los sirvientes revela los secretos de su pequeño mundo. Hay fricciones, nostalgias y un conflicto sin resolver sobre el destino de Flora, una muchacha que vive en la casa. El primo marinero de Juan quiere adoptarla para llevarla a México, pero Juan se rehúsa categóricamente. Tomasa ve en ello una oportunidad de mejora; Juan solo ve pérdida y distancia. Con el amanecer llegan el Conde y Don Luis, cubiertos del viaje. El joven revela una inquietud a su tío: ha escuchado rumores de que Doña Inés está loca. El Conde desestima la acusación, pero Don Luis carga con la duda. Ha visto a su prometida brevemente, y ella ha manifestado claramente su aversión al matrimonio. A los veintitrés años, Don Luis se siente atrapado entre la voluntad de su tío y un voto que sus años no deseaban. Entonces, mientras prevalece la tensión, florece una voz inesperada. Flora aparece en el jardín cantando sobre la belleza de la vida y las flores, sobre perfume y amor como dones divinos. Don Luis, quien momentos antes lamentaba su existencia, se ve transformado. La joven viste de manera inusual, camina libremente entre los rosales, acaricia las flores como a seres queridos, habla con ellas sobre su soledad y esperanza. Flora no sabe que es observada. Continúa en su mundo de flores, arrancando violetas, dialogando con rosas sobre vanidad y belleza. Cuando coge una rosa y la besa, Don Luis comprende que ha encontrado algo distinto al orden del mundo adulto: una persona completamente entregada a la vida de las plantas, ajena a las convenciones que lo sofocaban. El misterio de Flora permanece guardado. Juan y Tomasa advierten que su origen debe mantenerse en silencio ante los señores. Dicen que es hija de Juan, pero su carácter y su presencia sugieren algo más complejo. Es caprichosa, traviesa, de buen corazón pero difícil de gobernar. Para ella, las flores son su universo. La trama teje varios hilos: el futuro de Don Luis y Doña Inés, la identidad de Flora, los rumores de locura que rodean a la prometida, y la posibilidad de que el amor genuino encuentre lugar en un jardín.
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