Una noche de Halloween en 1952, tres hermanas de la familia Abbott se preparan para una fiesta en su residencia de Ridgefield, Connecticut. Mientras organizan la celebración, Maud se acerca a una psíquica que revela una predicción…
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Una noche de Halloween en 1952, tres hermanas de la familia Abbott se preparan para una fiesta en su residencia de Ridgefield, Connecticut. Mientras organizan la celebración, Maud se acerca a una psíquica que revela una predicción inquietante: alguien llegará pronto a su vida, y todo lo que conoce hasta ahora cambiará de forma radical. La historia explora cómo el destino teje encuentros que trascienden el tiempo.
En una noche de otoño de 1952, Halloween llena de movimiento el pueblo de Ridgefield, Connecticut. La residencia Abbott, construcción de finales del siglo dieciocho situada a las afueras, se prepara para recibir invitados. Las hermanas Temperance, Imogen y Maud —cada una con su propia personalidad bien definida— trabajan en los últimos detalles de la decoración: calabazas talladas, telas de araña tejidas a mano, fantasmas de papel maché.
La familia Abbott tiene raíces profundas en el pueblo. Su padre, Reginald, nació en una familia trabajadora y ha ascendido lentamente en la fábrica de sílex y madera, lo que les permitió adquirir la casona años atrás. Su madre, Nellie, ha supervisado cada detalle de la vivienda: desde la moqueta hasta el papel de las paredes, los adornos de cerámica, incluso cómo debe ser el lugar para que refleje una cierta elegancia sobria.
Las tres hermanas son distintas en temperamento y aspecto. Temperance, la mayor, es alta y delgada, con cabello oscuro y ojos verdes. Imogen, la mediana, es menuda y pecosa, inquieta desde siempre —camina como saltando, quizá por la renguera en su pierna izquierda desde un accidente en la infancia—. Maud, la menor, es de altura media, delgada, con ojos color avellana y una pasión por el dibujo. Las tres comparten una educación rigurosa: saben coser, tejer, bordar. Crecieron durante la guerra mundial ayudando en la comunidad, confeccionando prendas para los soldados y cuidando niños.
La noche de la fiesta, los invitados comienzan a llegar. Entre ellos están amigos de la escuela, pretendientes, y el apuesto Elias Knox, rubio de ojos grises. Hay juegos para niños y entretenimiento para adultos; la música comienza con tonadas de salón antes de evolucionar al baile. Nellie ha contratado a una psíquica del pueblo, Celestine, para añadir misterio a la celebración.
Por curiosidad, Maud se acerca a la lectora. Celestine le advierte que haga una pregunta cuya respuesta sea positiva. Maud pregunta si alguien especial llegará a su vida. Celestine coloca las manos sobre su bola de cristal, cierra los ojos, se mueve con exageración. Luego abre los ojos y fija la vista en un punto lejano. Lo que dice es perturbador: “Alguien viene. Es una especie de viaje en el tiempo. Tu historia de amor no está sujeta a este tiempo: va mucho más allá.”
La predicción deja a Maud desconcertada. ¿Qué significa un amor que trasciende el espacio y el tiempo? La novela comienza así, con esta pregunta abierta, como un preludio a un destino que las hermanas Abbott aún desconocen.
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