En el presidio de Riohacha, en 1720, condenados a muerte aguardan en celdas subterráneas el viaje final hacia España. Entre ellos, hombres que comparten historias de crímenes, desgracias y la remota esperanza de salvación.
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En el presidio de Riohacha, en 1720, condenados a muerte aguardan en celdas subterráneas el viaje final hacia España. Entre ellos, hombres que comparten historias de crímenes, desgracias y la remota esperanza de salvación. Mientras unos murmuran sobre un pirata loco que prometió rescate, en aguas del Caribe, Carlos Lezama reclama su nuevo título de conde Ferblanc y el mando de la Legión del Mar, una escuadra que reunirá buques españoles y tripulantes de procedencias diversas para sanear las aguas del Caribe.
En las aguas del Caribe del siglo dieciocho, Riohacha funciona como presidio mayor del imperio español. Dentro de sus muros de piedra, condenados a muerte aguardan el viaje que llamarán irónicamente «el último trago», rumbo a España y al patíbulo que les espera en ciudades peninsulares. Hombres de diversa procedencia—soldados, marinos, funcionarios—se reúnen en patios amurallados y celdas subterráneas, compartiendo confidencias sobre sus crímenes y la delgada línea entre la desesperación y la esperanza de fuga.
Dos de ellos, el cabo Torcaz, un hombre de gran corpulencia, y Rodrigo Arucas, joven corneta apodado «Malasuerte» por las circunstancias trágicas que lo llevaron al encierro, forman una amistad de necesidad. Entre murmullos de otros presos, Rodrigo recuerda a un pirata singular, el conde Ferblanc, quien alguna vez prometió ofrecerles plaza en su barco. Aunque Torcaz teme que la locura del pirata lo haya llevado a la muerte, Rodrigo guarda una última chispa de esperanza.
Mientras tanto, en la bahía de Santa Marcia, una transformación de mayor envergadura se despliega. Carlos Lezama, el Pirata Negro, recibe las honras de seis fragatas españolas que saludan con salvas la entrada de su velero, el Aquilón, que se inmoviliza como buque almirante. Con este acto ceremonial, Lezama asume el título de conde Ferblanc y el mando de la Legión del Mar, una escuadra de buques mixtos cuyos capitanes españoles se rinden ante quien fuera perseguido por la ley. Junto a él desembarcan su esposa, Mireya, y su hijo Humberto, en el comienzo de una nueva vida resguardada. En la sala capitana, Lezama brinda por la larga duración de esta Legión, una fuerza que unirá espíritus dispares bajo un único propósito: sanear las aguas del Caribe.
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