Una noche en una casa solariega de raíz española. Sibila, la vieja criada, se niega a sonreír para los visitantes que vienen a comprar la finca. Mientras dispone un refrigerio rezongando sus quejas, surge la noticia de que Mario, el dueño,…
Descargar
Una noche en una casa solariega de raíz española. Sibila, la vieja criada, se niega a sonreír para los visitantes que vienen a comprar la finca. Mientras dispone un refrigerio rezongando sus quejas, surge la noticia de que Mario, el dueño, debe vender la casa por un fracaso profesional. Entre los pasillos antiguos y las habitaciones clausuradas, la resistencia silenciosa de quienes habitaron estas paredes se enfrenta al cambio inevitable, a los secretos guardados que forman parte de la identidad familiar.
En una sala baja de una vieja casa solariega, de madera, hierro y cerámica, la tarde transcurre con un ritmo que ha permanecido sin cambios durante generaciones. Sibila, la criada de sesenta años, dispone copas de moscatel mientras rezonga su resistencia: ha dicho que no sonreirá para nadie, que su sonrisa le pertenece solo a ella. La vieja sabe que unos visitantes han llegado a comprar la finca, los Sangil, una pareja de dinero reciente que regresa de Europa con la cabeza llena de catedrales y nostalgias antiguas.
La casa debe venderse. Mario, el ingeniero químico que vive en el laboratorio que antes fue capilla y luego pabellón de caza, ha visto colapsarse años de trabajo: su fórmula revolucionaria sobre el hidrógeno industrial ha sido descubierta simultáneamente por otro en Estados Unidos. No es robo, quizá. Simplemente, alguien llegó diez minutos antes. Con el fracaso profesional, se desmorona también la economía familiar, y la finca ancestral debe pasar a manos extrañas.
Laura, la hermana que planeaba partir a Columbia para ampliar sus estudios, ha renunciado a la beca por la salud deteriorada de Mario. Observa en él una obsesión profunda, una angustia que lo consume desde un lugar que no es solo el dinero perdido o el proyecto fallido. Don Gabriel, el médico amigo, percibe también esa oscuridad más antigua, más arraigada.
Entre tanto, Sibila custodia los secretos de la casa como quien guarda tesoros. Cuenta historias de la monja sor Evangelina, cuyo cuerpo incorrupto descansa en una habitación clausurada que se abre solo el primer jueves de mayo. Habla del tío abuelo, don Cristobalón, contrabandista ahorcado, cuyo dinero escondido regresa cada año para vigilar su escondite. Los compradores escuchan fascinados y aterrados, mientras la casa resguarda una verdad que ningún documento de venta podrá transferir.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.