Rebeca limpia con lejía una habitación en una buhardilla londinense, disponiendo sus pertenencias en un espacio tan reducido que solo puede estar erguida en el centro.
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Rebeca limpia con lejía una habitación en una buhardilla londinense, disponiendo sus pertenencias en un espacio tan reducido que solo puede estar erguida en el centro. Aquella pequeña pieza de techo inclinado se convierte en refugio después de que su pareja la abandone en la ciudad. A través de sus días, marcados por el aislamiento y la observación de quienes parecen vivir vidas más plenas en los pubs de Barnsbury, la novela traza el retrato de una mujer española confrontada con la soledad, el envejecimiento y la sensación de estar al margen de un mundo que no terminaba de ser suyo.
Rebeca desciende a una Londres gris con la intención de comenzar de nuevo, pero la realidad es más cruda que cualquier fantasía de ruptura. Habita en una buhardilla donde apenas cabe de pie, en una habitación compartida donde el colchón guarda manchas de historias anteriores y ajenas. Su ex pareja, el mismo que le pidió ayuda en la mudanza, ahora disfruta de Londres con una mujer más joven, más aventurera, más despreocupada. Rebeca permanece fuera, mirando hacia adentro.
La novela alterna entre la vida de esta mujer española de treinta y cinco años, desmoronada y sola en la capital británica, y los fragmentos de la vida de su hermana menor, Gabino —odontóloga en Barcelona, cuidadora de su madre prácticamente ciega, menos bella pero mucho más resuelta. Mientras Rebeca se pierde en los detalles de la precariedad londinense, buscando patrones de seducción en los pubs de Barnsbury o enumerando botellas de agua medio vacías sobre su escritorio, Gabino construye una clínica dental con herencia y determinación, negociando también con culpas propias.
La voz narrativa es la de una depresiva heroica, irónica ante la propia caída, burlona con quienes disfrutan de lo que ella no tiene, curiosamente compasiva cuando se trata de ver el sufrimiento ajeno. La novela no promete redención sino una observación implacable: una mujer que camina entre escaparates de pelucas, que envidia a desconocidos desde una terraza de pub, que fantasea con tener una comunidad religiosa solo para pertenecer a algo.