Los camiones que salían de Barcelona al atardecer llevaban detenidos hacia las montañas cercanas, donde eran ejecutados a tiros. Por las mañanas, las ambulancias de la Cruz Roja recogían los cuerpos abandonados.
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Los camiones que salían de Barcelona al atardecer llevaban detenidos hacia las montañas cercanas, donde eran ejecutados a tiros. Por las mañanas, las ambulancias de la Cruz Roja recogían los cuerpos abandonados. Este libro documenta la represión sistemática contra religiosos y católicos durante la Guerra Civil española, con especial atención en la persecución de los hermanos maristas. Entre 1936 y 1940, la violencia revolucionaria en territorio republicano se cobró miles de vidas de quienes eran considerados enemigos del nuevo orden. Una investigación basada en testimonios y documentación que ilumina uno de los períodos más oscuros de la historia contemporánea española.
En el verano de 1936, tras el fracaso de la sublevación militar en Cataluña, Barcelona se convierte en el epicentro de una revolución que los anarquistas y las organizaciones de izquierda intentan llevar a sus últimas consecuencias. Los sindicatos se apoderan de las armas de los cuarteles. El Comité Central de Milicias Antifascistas asume el control, bajo la dirección de figuras como Juan García Oliver, quien institucionaliza la represión como parte del nuevo orden revolucionario.
En las noches de Barcelona, las Patrullas de Control arrestan a sospechosos: empresarios, médicos, abogados, sacerdotes. Los suben a camiones apodados después ‘de la muerte’ y los trasladan a parajes rurales donde son ejecutados sin juicio. La Arrabassada, Vallvidrera, las montañas del Tibidabo se convierten en cementerios clandestinos. Los cadáveres quedan abandonados, algunos mutilados, otros quemados. Por las mañanas, ambulancias de la Cruz Roja los recogen.
La Institución Marista, fundada en Francia en 1817, operaba decenas de colegios en España donde educaba a jóvenes bajo el lema de formar ‘buenos ciudadanos y buenos cristianos’. En julio de 1936, la orden contaba con 722 religiosos. Dentro de meses, 197 de ellos serían asesinados. Sus colegios fueron saqueados e incendiados. La editorial Luis Vives, propiedad de la congregación, fue destruida por las llamas.
Pero los maristas no fueron los únicos blanco de la persecución. La represión sistemática se dirigió contra toda la Iglesia católica y contra cualquiera identificado con el conservadurismo o la fe religiosa. El anticlericalismo que latía en amplios sectores de la población encontró en la revolución su expresión más brutal. Miles fueron ejecutados no por sus acciones políticas, sino por ser católicos o por sus convicciones religiosas.
Este trabajo, basado en testimonios y documentación recientemente descubierta, reconstruye esos meses de violencia sin freno. Documenta cómo operaba la represión, quiénes la ejecutaban, qué mecanismos la hacían posible. Ilumina un aspecto de la Guerra Civil que frecuentemente ha permanecido en la sombra de los relatos históricos: la magnitud de la represión anticlerical en la retaguardia republicana.
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