Gil, un pescador de la costa cantábrica, pasa sus días entre redes sin provecho mientras sus compañeros llenan las suyas. Su amor por Berta, una muchacha ambiciosa, parece imposible sin fortuna.
Descargar
Gil, un pescador de la costa cantábrica, pasa sus días entre redes sin provecho mientras sus compañeros llenan las suyas. Su amor por Berta, una muchacha ambiciosa, parece imposible sin fortuna. En su desesperación, una noche se adentra en la casa de la bruja, donde hace un extraño pacto. Durante un año, sus redes se llenan de pesca abundante y el dinero fluye. Pero cuando llega el día de su boda, la maldición comienza a cobrar su precio.
En la costa cantábrica vive Gil, un pescador cuya desdicha es tan constante como las mareas. Mientras sus compañeros llenan sus barcas de sardinas plateadas y truchas pintadas, sus redes permanecen vacías. La razón de esta maldición se le escapa, pero la realidad es cruda: a los treinta años, ninguna muchacha en la aldea lo miraría con buenos ojos, pues un pescador es tan valioso como lo que extrae del mar. Está perdidamente enamorado de Berta, una muchacha rubia, ambiciosa y clara en sus términos. Ella no rechaza su cariño por su apariencia, sino por su pobreza. Si sus redes se llenaran de dinero, ella sería suya. Esta certeza lo consume. Una noche, después de meses de fracaso y ofrecimientos vanos a la Virgen, Gil camina hacia el lugar de peor fama de la aldea: la antigua morada de la bruja, donde nadie se atreve a ir después del anochecer. Allí ocurre algo cuyo verdadero alcance jamás sabremos. Cuando emerge, está más pálido que nunca. A partir de entonces, la suerte gira. Su barca regresa cada día rebosante de pesca. En un año acumula riqueza suficiente para una boda espléndida. Berta acepta. Todo está arreglado. Pero en la iglesia, el día de la ceremonia, Gil palidece de modo extraño para un hombre dichoso. La vela que colocan a su derecha se apaga una y otra vez sin poder encenderse. Berta se desmaya. Y Gil, en un grito desesperado, abandona el templo hacia la casa de la bruja. En la noche de agosto, bajo la luna, Gil se encuentra ante su verdadera deuda. El diablo le aguarda con la barca llena de pesca fosforescente, reclamando el precio del trato. Pero entonces suena la campanilla del Viático, del Miserere, la voz del cura desde la iglesia, y Gil encuentra la fuerza para caer de hinojos e invocar a la Virgen. Cuando los vecinos lo encuentran, Gil está en su humilde catre, despertando de un sueño. No hay bruja, no hay barca maldita, no hay higuera. Solo su perro lamiéndole la mano, el mar rompiendo entre las rocas, y Berta esperando en la puerta de la iglesia con los convidados.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.