En una París decembrina, el comisario Morvan observa desde su despacho las calles de los arrondissements décimo y undécimo. Persigue a un asesino que ha actuado veintisiete veces, siempre más cerca de su oficina, como si siguiera una pauta…
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En una París decembrina, el comisario Morvan observa desde su despacho las calles de los arrondissements décimo y undécimo. Persigue a un asesino que ha actuado veintisiete veces, siempre más cerca de su oficina, como si siguiera una pauta invisible. Morvan es un policía de recto temperamento, consumido por la pasión de descubrir la verdad. Huérfano de madre, separado de su esposa, vive en soledad casi absoluta. Conforme la investigación se estrecha, experimenta una proximidad inquietante con el criminal, una familiaridad que lo abate y lo estimula simultáneamente.
En el corazón del invierno parisino, días antes de Navidad, el comisario Morvan escrutina desde el tercer piso de su despacho las primeras sombras de la tarde. A través de los cristales helados, observa la plaza León Blum en su frenético movimiento navideño: mujeres cargadas de paquetes, tiendas iluminadas, el tráfico visto desde la altura. Pero su atención está en otro lugar, en la sombra que lleva nueve meses persiguiendo, aquella que ha golpeado veintisiete veces. Esta novela teje múltiples capas de la París que persiste en sus detalles más concretos. Las ancianas que pueblan sus calles son supervivientes obstinadas, mujeres que se niegan a desaparecer a pesar del tiempo implacable. Son el color local de la ciudad, tanto como el Louvre o el Arco de Triunfo, depositadas en sus apartamentos exiguos, tejiendo las rutinas que mantienen viva la ciudad. Junto a sus compras, sus caniches, sus asientos en las plazas, transcurre la investigación de Morvan. El comisario es un hombre marcado por la ausencia. Su madre murió en el parto; su padre, ferroviario y antiguo combatiente de la Resistencia, apenas estuvo presente en su infancia provinciana. Ha dedicado dos décadas a la policía, guiado por una pasión por la verdad que supera incluso a la compasión. Recientemente separado de su esposa Caroline, se encuentra en una soledad absoluta que lo abate y lo estimula en medidas iguales. Lo que inquieta a Morvan es la proximidad creciente de los crímenes respecto de su despacho, como si el asesino trazara un círculo cada vez más cerrado. ¿Es una pauta deliberada, un desafío, o mera casualidad? Esa ambigüedad lo consume. El criminal que persigue le resulta casi familiar, una sombra que parece emanar de su propio mundo interior. La novela explora, en una prosa reflexiva, el vacío que habita en el corazón de un investigador dedicado, la fragilidad de las certezas, y cómo una ciudad puede ser al mismo tiempo íntima y extraña, perfectamente legible e impenetrable.