En la madrugada del 6 de diciembre de 1905, un fuego devastador arrasa la mansión Everett en Carolina del Sur, dejando vidas perdidas y un secreto enterrado en las cenizas.
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En la madrugada del 6 de diciembre de 1905, un fuego devastador arrasa la mansión Everett en Carolina del Sur, dejando vidas perdidas y un secreto enterrado en las cenizas. Más de un siglo después, Nora, una ambiciosa mujer de negocios en Washington, vive ajena a que los hilos de su pasado la esperan, conectada a través de las historias que su tía abuela Annie guarda celosamente en los estantes de su pequeño apartamento.
En la madrugada del 6 de diciembre de 1905, las llamas consumen la mansión Everett en el corazón de una plantación de algodón en Carolina del Sur. Mientras el fuego devora lo que fue una vida de lujo y poder, el pequeño Adrien despierta aterrado, atrapado en la oscuridad que avanza bajo su puerta, tarareando la nana que le enseñó su nodriza en noches de tormenta. Los alaridos de su madre atraviesan la noche, los criados huyen sin mirar atrás, y las vidas que se pierden en las cenizas dejarán una marca que la historia desconoce.
Más de un siglo después, en mayo de 2016, Nora vive una vida que parece completa: acaba de lograr un cliente importante para su firma de inversiones, tiene un novio que la ama, y su carrera está en pleno ascenso. Pero hay algo en ella que no encaja. El cansancio la persigue, siente pinchazos en el pecho que achaca al estrés, y una sensación de incompletitud que el dinero y los éxitos profesionales no logran calmar. Regresa de Nueva York a Washington justo después de presenciar la muerte inexplicable de un hombre en su coche, un suceso que la perturba profundamente.
Es Annie, su tía abuela, quien custodia el puente entre ambos mundos. Escritora de más de cincuenta títulos, vive en un pequeño apartamento repleto de libros que guarda como tesoros. Cuando le ruega a Nora que la acompañe a visitar la vieja casa familiar en Brasil, la casa donde ella y su hermana Karen se criaron, Annie intenta darle un regalo que su sobrina nieta aún no comprende. Las palabras que la vieja maestra pronuncia sobre el valor verdadero de la vida parecen advertencias de alguien que sabe algo que Nora ignora, como si los hilos de un destino que atraviesa décadas estuviesen a punto de entrecruzarse.
Lo que Nora no sabe es que el fuego de 1905 no consumió todo lo que ardía. Que algunos secretos enterrados en las cenizas todavía esperan ser encontrados. Que las vidas perdidas en aquella noche tienen hilo con su propia existencia, y que el cansancio que siente quizá no sea estrés, sino el peso de una historia que viene de lejos.
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