En abril de 1859, una galopada vertiginosa captura la atención del capitán Bellamy Archer en las dehesas gaditanas. Desde su despacho, el oficial inglés presencia a una joven amazona que cabalga con destreza extraordinaria, perseguida sin…
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En abril de 1859, una galopada vertiginosa captura la atención del capitán Bellamy Archer en las dehesas gaditanas. Desde su despacho, el oficial inglés presencia a una joven amazona que cabalga con destreza extraordinaria, perseguida sin éxito por su primo. La escena, interrumpida por el dueño de la hacienda, desencadena un castigo severo: la prohibición de montar. Dalia Guzmán culpa al capitán de su desgracia, ignorando que esta primera colisión marcará el inicio de un enfrentamiento cargado de recelos y atracción mutua en los salones de Andalucía.
Abril de 1859. En su despacho de la hacienda gaditana, el capitán Bellamy Archer negocia con Alonso de Quesada, hombre de negocios con el que ha estrechado una amistad fructífera. La Marina Real inglesa requiere una caballería que sustente sus fronteras, y la dehesa cordobesa de Quesada posee los mejores ejemplares de toda Andalucía. Mientras revisan documentos, la atención del oficial inglés se desvía hacia el ventanal: una joven amazona cabalga a velocidad vertiginosa, las faldas al viento, perseguida sin éxito por un jinete. Su destreza y ausencia de temor capturan por completo la admiración del capitán.
Quesada, enfurecido, reconoce a los caballistas: su hijo Francisco, recién llegado del internado, y su sobrina Dalia Guzmán, bajo su tutela. Los jóvenes son amonestados por la peligrosidad de la carrera. Dalia, quien asume toda la culpa, sufre un castigo desmesurado: la prohibición absoluta de montar a caballo. Su tío, quien tiempo atrás le enseñó con orgullo a convertirse en consumada amazona, ahora teme por las consecuencias de aquella libertad que él mismo alimentó.
Dalia culpa al capitán Archer de su desdicha. Su intrusa observación desde la ventana fue lo que reveló la carrera, desencadenando la severa sanción. Cuando la joven, dolida y furiosa, huye del despacho de su tío casi corriendo, choca contra el pecho del oficial. En ese primer contacto físico, sus miradas se encuentran: la de ella inflamada de odio, la suya interrogante. Ella logra escapar hacia los jardines.
La familia intenta hacerle entender que el capitán Archer es un huésped importante, amigo de su tío, que permanecerá en la hacienda varios días seleccionando caballos y asistirá a la fiesta que se celebrará el sábado en la hacienda vecina de Osorio. Dalia, quien teme reencontrarse con él, declara que no asistirá a la comida y se retira a la biblioteca. Su tía Constanza termina por persuadirla suavemente, apelando a la cortesía y al buen comportamiento que se espera de ella. Dalia accede a aparecer en la cena, aunque el solo pensamiento de contemplar al capitán le causa una mezcla de emociones que no sabe bien cómo interpretar.
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