Pablo despierta en una habitación sin recordar cómo llegó. El doctor Bedolla lo recibe en la Unidad Ocho, un lugar seguro cuyo propósito permanece oculto.
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Pablo despierta en una habitación sin recordar cómo llegó. El doctor Bedolla lo recibe en la Unidad Ocho, un lugar seguro cuyo propósito permanece oculto. Guardias armados custodian cada movimiento mientras otros internos deambulan en uniforme azul. Sus recuerdos anteriores se desvanecen en fragmentos: Margarita, su esposa embarazada, el colegio donde ella enseña, una vida que contrasta abruptamente con esta realidad de encierro sin explicación ni horizonte.
Cuando Pablo abre los ojos en una cama desconocida, su memoria es un vacío. La habitación es pequeña y sucia, con apenas un catre y una mesa. El doctor Sergio Bedolla llega acompañado por guardias armados y le explica que está en la Unidad Ocho, bajo su cuidado, en un lugar seguro. No hay más respuestas: debe cooperar o enfrentar consecuencias.
Al explorar la unidad, Pablo descubre una sala común donde otros internos visten el mismo uniforme azul oscuro. Daniel, quien lleva cinco años allí, se acerca con ingenua sonrisa, ofreciéndole compañía. Las preguntas de Pablo sobre por qué está allí, cuánto tiempo permanecerá y dónde está Margarita, su esposa, no encuentran respuestas coherentes.
Simultáneamente, la narrativa teje recuerdos fragmentados de la vida anterior de Pablo. Lo vemos esperando las puertas del colegio donde Margarita enseña a niños pequeños. Ella emerge cansada después de limpiar el desorden dejado por sus alumnos, quienes han pintado máscaras de animales del bosque. Caminan juntos por las calles, y él la acompaña preocupado por su bienestar: Margarita está embarazada. Pablo sufre migrañas que pospone atender, y ella lo regaña con ternura por su negligencia médica.
En el despacho del doctor Bedolla, una enfermera llamada Luna es recibida formalmente. El doctor explica que participará en una misión única: explorar territorios no estudiados de la medicina. Luna es meticulosa, de anteojos gruesos y aspecto formal. Su historia personal es significativa: su madre estuvo internada años atrás por psicosis, un detalle que el doctor parece encontrar relevante.
La obra avanza sin prisa, acumulando interrogantes. ¿Quién es realmente Pablo? ¿Por qué lo retienen en la Unidad Ocho? ¿Qué sucedió con Margarita? ¿Cuál es el verdadero propósito de esta institución? El epígrafe de Quevedo sugiere que fuerzas mayores obran en los pliegues de una realidad que no es lo que parece.