Una mujer de negro enlutado recorre el territorio mormón de Utah buscando venganza. En Green River, Lorena enfrenta a tres hermanos matones que desafían su dignidad; su respuesta es letal.
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Una mujer de negro enlutado recorre el territorio mormón de Utah buscando venganza. En Green River, Lorena enfrenta a tres hermanos matones que desafían su dignidad; su respuesta es letal. Con frialdad y precisión, dispara contra ellos desde una pistolera de diseño único, dejando dos cadáveres. El tercero escapa con un mensaje claro: una mujer busca a McCoy y a su banda, decidida a cobrar sangre.
Lorena atraviesa los territorios del Oeste americano envuelta en ropas negras, erguida en su silla de montura con la rigidez de quien carga un propósito inmutable. No es una mujer común. Cuando cruza la divisoria de Utah y se adentra en Grand River Valley, ya todos los mormones la observan con curiosidad disimulada. Un jinete alto, Jason Talbot, la detiene en el camino para advertirle sobre Green River: tres hombres peligrosos merodean por allí, bebedores sin escrúpulos que buscan camorra y mujeres.
La advertencia cae sorda en oídos de Lorena. Ella lleva días cabalgando y necesita descanso. Green River es su destino, y nada la desvía de su ruta. Además, Talbot le habla de matones sin nombre, pero ella busca a alguien específico: Todd McCoy, apodado Perro McCoy, un asesino legendario, junto con seis hombres de su banda. La búsqueda la ha traído hasta aquí.
En la cantina de Green River, Lorena irrumpe sin anunciarse. Lo primero que ve es la crueldad: tres hermanos llamados Rilley torturan a clientes desarmados, les hacen bailar disparando balas alrededor de sus pies mientras un pianista agotado toca notas desafinadas bajo amenaza. La escena tiene el sello de la depravación sin freno. Lorena se acerca al mostrador, pide cerveza con una frialdad absoluta, y su presencia detiene el juego. Los Rilley notan que la recién llegada es una mujer, y sus peores instintos despiertan.
Lo que sigue es un duelo de voluntades. Los hermanos la acosan, la insultan, le demandan sumisión. Ella responde con palabras que los humillan: les dice que solo se atreven con mujeres y viejos, que sus bromas son cosa de cobardes. El insulto enciende la furia. Cuando el primero intenta tocarla, ella reacciona con una rodillazo que lo deja retorciéndose. Los otros dos avanzan sin escuchar sus advertencias. En ese momento, Lorena revela su verdadera naturaleza: saca su revólver de una funda especial, sin desenfundar completamente, y dispara desde la cadera con una precisión quirúrgica. Los dos hermanos caen, ensangrentados, sin vida.
Lorena le deja escapar al tercero, pero no sin antes regalarle un recado destinado a McCoy: una mujer lo busca, ha jurado su muerte y la de sus cinco compañeros, y no descansará hasta encontrarlo. La promesa resuena en la cantina como una sentencia.
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