Ben Tallchief envía una plegaria a través del transmisor de su nave, suplicando escape de su aburridor trabajo de inventario. Su ruego es escuchado, y se le comunica un traslado inesperado.
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Ben Tallchief envía una plegaria a través del transmisor de su nave, suplicando escape de su aburridor trabajo de inventario. Su ruego es escuchado, y se le comunica un traslado inesperado. En el kibutz Tekel Upharsin, Seth Morley, biólogo marino confinado a la cantera, recibe la noticia que espera desde hace ocho años: su traslado a Delmak-O. Ambos hombres parten en naves de una sola vía, los narizones, rumbo a una colonia remota en los confines del espacio, donde descubrirán un sistema teológico único y fuerzas divinas cuya existencia desafía la razón.
En una nave que surca la galaxia, Ben Tallchief conecta los conductos de su glándula pineal al transmisor de la nave y formula una plegaria sencilla: está harto de su trabajo monótono en control de inventario, desea algo más creativo y estimulante. Su plegaria es respondida con un traslado inesperado a una colonia remota en Delmak-O. A miles de kilómetros de distancia, en el kibutz Tekel Upharsin, el biólogo marino Seth Morley celebra su propia liberación: después de ocho años esperando, obtiene por fin su traslado a ese mismo destino desconocido, llevando consigo a su esposa Mary.
Ambos hombres forman parte de un experimento de colonización que reunirá a una docena de personas reclutadas en diversos rincones del espacio. La novela está enmarcada en un sistema teológico original, concebido como ejercicio abstracto de pensamiento religioso. En este universo, los seres humanos pueden dirigirse a la divinidad a través de transmisores cósmicos, y sus plegarias encuentran respuesta en los mundos deíficos. Existen entidades divinas como el Intercesor, el Mentufactor y el Destructor de Formas, seres cuya naturaleza y propósitos desafían la comprensión convencional. El Destructor de Formas representa una fuerza que consume todo lo que decae; el Mentufactor renueva y reemplaza constantemente lo corrompido.
Ben y Seth viajan en naves de una sola vía, los llamados narizones: vehículos baratos pero inexorables que solo pueden partir de una nave grande o un planeta, dirigirse a su destino y permanecer allí. No hay regreso posible. Su viaje representa no solo un cambio de ubicación, sino un acto de fe en fuerzas más allá de la comprensión racional. En el trasfondo aparece la teología de A. J. Specktowsky, cuyo libro se convierte en guía espiritual. A medida que los personajes se preparan para partir, emergen preguntas sobre la naturaleza de la realidad, el significado de la existencia y el poder de la fe en un universo tan vasto como indiferente.
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