En 1527, en Navarra, dos muchachas de apenas diez años son traídas ante los jueces para acusar a otras mujeres de ser brujas. El método es singular: examinan solo el ojo izquierdo de las sospechosas.
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En 1527, en Navarra, dos muchachas de apenas diez años son traídas ante los jueces para acusar a otras mujeres de ser brujas. El método es singular: examinan solo el ojo izquierdo de las sospechosas. En cuestión de días, identifican a más de ciento cincuenta supuestas hechiceras. Este episodio abre un ensayo que recorre cómo España enfrentó el fenómeno brujeril desde perspectivas radicalmente opuestas: la credulidad y el escepticismo racional. A través de confesiones contradictorias, debates teológicos y el pensamiento crítico de inquisidores como Salazar, la obra examina qué significa ser bruja y cómo la imaginación colectiva construye verdades que la razón debe desmontar.
En 1527, en Navarra, un juez acompañado de cincuenta soldados llega a un pueblo llevando dos muchachas de nueve y once años. Estas niñas afirman ser brujas y prometen identificar a otras si se les otorga perdón. El método es extraordinario: las sospechosas son presentadas con los ojos vendados y el rostro al sol, dejando visible solo el ojo izquierdo. Las muchachas examinan cada mirada durante lo que dura un credo y señalan quién es bruja. En cuestión de días, ciento cincuenta personas son condenadas.
Este episodio, registrado por Fray Prudencio de Sandoval, inaugura un ensayo que explora la brujería en la España de los Siglos de Oro no como realidad comprobada, sino como espejo donde una sociedad construye la verdad y la falsedad. La obra examina cómo la imaginación colectiva, alimentada por miedos ancestrales, crea realidades que la razón debe después desmontar.
En las páginas que siguen, voces contradictorias cobran vida: obispos crédulos que atestiguan confesiones de brujas, inquisidores que defienden la evidencia tangible del mal satánico, y finalmente Salazar Trías, quien con paciencia científica deconstruye las ilusiones envueltas en el fenómeno brujeril. Frente a la certidumbre fanática, Salazar plantea la pregunta decisiva: ¿hay acaso acto de brujería que realmente haya ocurrido?
El ensayo es un viaje por la arquitectura del conocimiento y desconocimiento colectivo en un momento histórico determinado. Indaga cómo se puede pensar en una época, qué vocabulario emocional habita una cultura, cuáles ecuaciones de realidad son aceptadas. La bruja es mucho más que una mujer acusada: es un símbolo multivalente que vehicula miedos, tensiones sociales y conflictos entre ciencia y superstición, entre la libertad y la responsabilidad moral frente a lo invisible.
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