Kyosuke Kitano desciende del expreso en Kioto con un propósito callado: encontrar el sabor de un plato que su padre le preparaba cada día durante la secundaria.
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Kyosuke Kitano desciende del expreso en Kioto con un propósito callado: encontrar el sabor de un plato que su padre le preparaba cada día durante la secundaria. Un simple nori-ben, arroz cubierto de algas, que guardó en su memoria no como recuerdo de comida, sino como huella de un vínculo que hace años se rompió. En la taberna Kamogawa, un cocinero y su hija lo esperan para ayudarlo a desenterrar ese sabor perdido.
Kyosuke Kitano llega a Kioto con la determinación silenciosa de quien busca resolver un misterio del pasado. Nadador versátil de la Universidad de Educación Física de Kinki, originario de Oita pero ahora residente en Osaka, cruza las calles de la ciudad antigua buscando la taberna Kamogawa. Su misión parece sencilla: reproducir un plato que su padre le preparaba todos los días durante los tres años de la escuela secundaria. Un nori-ben, apenas arroz cubierto de algas secas, bonito deshidratado y una ciruela encurtida. Plato humilde, casi despreciable a primera vista.
Pero en la memoria de Kyosuke ese plato es mucho más que comida. Es la única huella visible del amor de un padre que, después de separarse de su esposa, cuidó solo de su hijo antes de que la adicción al juego lo consumiera completamente. Son cinco años de silencio entre ellos: Kyosuke emigró a Osaka tras ser reclutado por un club de natación, y su padre eventualmente se retiró a Shimane, en la casa de su hermana, convaleciente y enfermo.
En la taberna Kamogawa lo esperan Nagare, un cocinero sin especialización que cocina de todo sin ser maestro en nada, y su hija Koishi. La conversación revela la verdadera naturaleza de la búsqueda: Kyosuke no quiere solamente volver a probar aquel sabor. Espera que recuperarlo lo ayude a comprender qué sintió su padre al preparárselo día tras día, si fue amor genuino o mera falta de voluntad. Espera recibir una respuesta culinaria a una pregunta que lleva años sin formular.
Nagare escucha con la serenidad de quien sabe que los platos más simples son los más difíciles de reproducir. Tiene dos semanas para reconstruir ese nori-ben perdido. Dos semanas para que Kyosuke, ese nadador que debe decidir si centrar su carrera en un solo estilo o mantener su versatilidad, entienda finalmente a su padre a través del único idioma que compartieron: el de la comida.