Mariana Merton conduce sesiones de terapia grupal en su casita amarilla de Londres, aún sumida en el duelo de Sebastian. Cuando una llamada desde Cambridge la confronta con Edward Fosca, profesor de aparente brillantez, comienza una…
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Mariana Merton conduce sesiones de terapia grupal en su casita amarilla de Londres, aún sumida en el duelo de Sebastian. Cuando una llamada desde Cambridge la confronta con Edward Fosca, profesor de aparente brillantez, comienza una investigación obsesiva. Mariana está convencida de que es un asesino. Sin pruebas que lo demuestren, solo con la certeza que le grita el cuerpo, debe acercarse a la verdad.
En su casita amarilla al pie de Primrose Hill, en Londres, Mariana Merton dirige sesiones de terapia grupal. Criada en un hogar griego austero y distante, aprendió de pequeña a observar desde las sombras, a ser invisible. Su padre, un hombre poderoso e impenetrable, apenas la miraba. Su madre murió cuando era bebé. Así creció Mariana, sola, aprendiendo a contenerse. Ahora, como terapeuta, conduce sus grupos desde el fondo de la sala, interviniendo solo cuando es necesario, cuando algo amenaza con quiebrar el círculo. Cree en el poder sagrado del círculo, en su capacidad curativa. Sus pacientes son frágiles: Henry, un joven traumatizado por abusos en la infancia que lucha contra la adicción; Liz, una maestra jubilada obsesionada con las normas; otros que buscan sanar dentro de ese espacio protegido. Hace un año, Mariana perdió a Sebastian, el amor de su vida. Aún no ha podido desprenderse de sus pertenencias. Guarda sus zapatillas viejas como si guardarlas significara retenerlo, impedir que desapareciera por completo. El duelo la ha sumido en un gris perpetuo. Un lunes de octubre suena el teléfono. Es Zoe, su sobrina, desde Cambridge. Con esa llamada comienza todo. Una pesadilla que la extrae de su aislamiento y la confronta con Edward Fosca, profesor de aparente brillantez intelectual en la universidad. Alguien que seduce a través de palabras cuidadosas y un encanto hipnotizante. Mariana lo sabe con certeza absoluta, una verdad que siente en los huesos, en la sangre: Fosca es un asesino. Responsable de al menos dos muertes. Pero no hay pruebas que lo demuestren ante la justicia. Fosca cree haber ganado, que se ha salido con la suya, que permanecerá impune. Pero se equivoca. Mariana está decidida a atraparlo, a derrotarlo. Pasará noches enteras analizando cada detalle, cada conversación, cada instante, hasta encontrar lo que acusa su culpa.