En una casa junto al mar de un pueblo andaluz, Flora despierta pasadas las once en su cama dorada, con el chocolate ya frío en la mesa. Esta joven de belleza cautivadora, mimada por su mundo de provincias, vive atrapada entre la…
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En una casa junto al mar de un pueblo andaluz, Flora despierta pasadas las once en su cama dorada, con el chocolate ya frío en la mesa. Esta joven de belleza cautivadora, mimada por su mundo de provincias, vive atrapada entre la tranquilidad de Alajara y el anhelo de aventuras que le promete el horizonte. A su alrededor, la familia que la visita, los amigos que la adulan, los convencionalismos de una España que intenta modernizarse sin abandonar sus tradiciones. «Las ingenuas» retrata el despertar de una generación de mujeres que buscan vivir plenamente en una sociedad que aún desconfía de su libertad.
Un pueblo costero español de finales del siglo diecinueve. Flora vive en una villa al borde de Alajara, donde el mar y las sierras enmarcan una existencia que, sin embargo, se le antoja demasiado estrecha. En la intimidad de su alcoba, despierta pasadas las once de la mañana, rechazando la responsabilidad de levantarse, observando desde su ventana el paso de barcos y trenes que llevan vidas lejanas hacia destinos exóticos.
Esta es la paradoja central de la protagonista: hermosa, mimada, privilegiada dentro de su círculo, pero insatisfecha. Su hermana Amparo se ha casado con un ingeniero ambicioso y viaja por el mundo. Su madre, doña Salud, mantiene su belleza y dominio social mediante una cuidadosa vigencia. Su posible novio es Ángel Luis, un muchacho del pueblo sin mayores perspectivas. Alrededor de ella hay figuras menores pero significativas: don Gil, eternamente galante; Pipín y Camila, los sobrinitos que la divierten; la servidumbre que obedece sus caprichos.
Felipe Trigo, en su prólogo, explica que ha querido captar en esta novela una fase fundamental de la identidad española: la extraña mezcla entre los nuevos vientos de libertad y las tradiciones enormes que resisten. No es la pasión refinada de los franceses, ni el romanticismo heroico de antaño, sino algo nuevo que emerge cuando la clase media moderna, con juventud que quiere vivir, choca contra la educación ancestral.
Las ingenuas del título son mujeres que encarnan esta transición: aún ingenuas ante el mundo grande, pero plenamente conscientes de su juventud y sus derechos. El amor debe ser el ideal supremo, una fusión de lo pagano y lo cristiano donde la inteligencia ennoblece la naturaleza sin negarla. Contra la decadencia finisecular que rechaza la modernidad, y contra el materialismo del realismo francés, Trigo propone una afirmación robusta: la divinización de la naturaleza mediante la inteligencia, con un pie en la antigüedad, otro en la Edad Media, pero avanzando hacia el futuro.
A través de Flora y su mundo de provincias, la novela examina cómo una generación de mujeres españolas negocia su identidad en un momento de cambio profundo, cuando lo provinciano ya no basta y lo cosmopolita aún atemoriza.