Un detective caído en desgracia recibe una nota anónima en un café de Madrid. Flanagan, expulsado de la policía y marcado por la muerte de su mujer e hija, vive en miseria cuando lo aborda Elisabet Decourt, viuda del magnate Decourt.
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Un detective caído en desgracia recibe una nota anónima en un café de Madrid. Flanagan, expulsado de la policía y marcado por la muerte de su mujer e hija, vive en miseria cuando lo aborda Elisabet Decourt, viuda del magnate Decourt. Le encarga recuperar un cuadro medieval que representa a Odín, obra que su esposo entregó a su amante. Por ciento cincuenta mil euros, Flanagan acepta sumergirse en una investigación que lo llevará a explorar mundos de dinero y secretos, mientras lidia con sus propios demonios.
Flanagan abre los ojos en la penumbra de su habitación. Las goteras del techo, las paredes manchadas y el silencio son sus únicos compañeros en ese cuchitril de los suburbios madrileños. Es un hombre destrozado: años de alcohol lo han convertido en una sombra de lo que fue, cuando era inspector prometedor en la comisaría de Tetuán. Pero un disparo en defensa propia, complicado por el positivo en alcohol, lo arrastró a un abismo del que no ha logrado escapar. Perdió su placa, su carrera, y en un accidente que cambió su vida para siempre, perdió también a su mujer y a su hija, quienes murieron cuando otro conductor distraído chocó contra su vehículo.
Cuando una nota anónima en su gabardina lo convoca al Gavilán Café, Flanagan no sabe qué esperar. Allí descubre a Elisabet Decourt, una mujer elegante y segura de sí misma, viuda del magnate banquero Roberto Decourt. Su marido ha fallecido recientemente en circunstancias que la prensa especula fueron suicidio. Pero Decourt no está interesada en investigar la muerte de su esposo. En cambio, le encarga a Flanagan que recupere un cuadro de la Edad Media que perteneció a su colección familiar: una obra que representa a Odín en su trono, rodeado de animales y luz, sosteniendo la lanza de Longinos. Su esposo fingió un robo para sustraer la pintura y se la entregó a su amante. Ahora esa mujer intenta venderla.
Flanagan, atrapado entre la miseria y las deudas que lo acosan, no puede rechazar los ciento cincuenta mil euros que Decourt le ofrece. Así comienza una investigación que lo sumergirá en el mundo del arte, donde conocerá a marchantes refinados y descubrirá que detrás de aquel cuadro hay más de lo que aparenta. Mientras persigue el lienzo, Flanagan debe lidiar con sus propios demonios: el peso de su pasado, el fantasma de su familia perdida, y la profunda necesidad de encontrar un propósito en una vida que se le escurre entre los dedos como arena.
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