Un hombre yace en un catre a la sombra de una mimosa en el Kilimanjaro, consumido por la gangrena en la pierna derecha. Mientras aguarda un rescate que quizás nunca llegue, reflexiona sobre las novelas que nunca escribió, los viajes que no…
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Un hombre yace en un catre a la sombra de una mimosa en el Kilimanjaro, consumido por la gangrena en la pierna derecha. Mientras aguarda un rescate que quizás nunca llegue, reflexiona sobre las novelas que nunca escribió, los viajes que no aprovechó y la vida que intercambió por comodidades. Su esposa intenta calmarlo, pero él solo busca preservar la lucidez ante la muerte inminente.
Bajo la sombra de una mimosa en el campamento africano, Harry yace en un catre consumido por la gangrena. Los buitres lo rodean, pacientes. Pero la verdadera infección no está en su pierna derecha: es la gangrena de una vida entera dedicada a la postergación y el aplazamiento de sueños.
Décadas atrás, Harry era un escritor con historias que contar. Vivió momentos que merecían ser capturados en la página: la retirada de Tracia, los Alpes austriacos donde la nieve brillaba hasta lastimar los ojos, las cabalgatas invernales entre pinos nevados, la guerra, las conversaciones sobre batallas que nadie llegó a documentar. Todo estaba ahí, esperando su mano, pidiendo ser transformado en literatura.
Pero Harry eligió distracciones. Primero fueron las mujeres ricas, luego la que lo acompañaba ahora, la más acaudalada de todas. El dinero fue un anestésico suave. París, el Crillon, la vida cómoda que prometía libertad pero entregaba adormecimiento lento. Cada día sin escribir embotaba su capacidad, reblandecía su voluntad. El trabajo se convirtió en algo imposible. Y luego, simplemente, dejó de intentarlo.
Ahora, mientras aguarda un avión de rescate que quizás no llegue, Harry elabora un catálogo mental de sus traiciones: eligió mentir sobre amar a cambio de estabilidad, negoció su talento por comodidades, sacrificó la creación por la supervivencia. Y lo peor es que comprende cada paso del camino que lo trajo aquí, cada decisión que lo alejó de sí mismo.
Su esposa intenta consolarlo, leerle, calmarlo. Pero él solo puede atacarla con palabras, sabiendo que toda la culpa es suya. Los buitres esperan en silencio. La muerte llega sin prisa.
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