El federal Clint entra al saloon y Sam se burla de él. Minutos después, las balas de Clint atraviesan el pecho de Sam, quien se estrella contra la ventana convertido en cadáver.
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El federal Clint entra al saloon y Sam se burla de él. Minutos después, las balas de Clint atraviesan el pecho de Sam, quien se estrella contra la ventana convertido en cadáver. Así comienza el enfrentamiento entre un hombre que mata sin dudas y un sistema legal que falla. Búsqueda de justicia donde los tribunales rehúsan actuar, la novela es un western sobre la violencia como única respuesta posible.
En los bares de Dallas, mientras los hombres beben y juegan a naipes, corre el rumor de que un federal ha llegado a la ciudad. Su nombre es Clint, y su reputación lo precede: no interroga, no negocia, simplemente mata. Sam, pistolero de lujo que trabaja para el joven Guss, heredero de la familia más poderosa de la región, no cree que el tal Clint sea amenaza alguna. Percival, el viejo capataz, intenta prevenirlo: los únicos que temen a ese federal son los Rangers mismos.
Lo que Sam no sabe es que Clint busca más que una simple venganza. Meses atrás, una mujer fue secuestrada en Nuevo México y trasladada a Texas, donde fue violada y asesinada. El hecho de cruzar una frontera estatal convierte el crimen en delito federal. Los jueces locales, amigos de Guss, han ignorado el caso. La ley se ha mostrado demasiado débil. Por eso Washington envió a Clint.
Cuando el federal entra al saloon, el silencio es inmediato. Su aspecto no es el de un hombre ordinario, sino el de una máquina de matar con forma humana: casi dos metros de altura, brazos de acero, mirada helada. En minutos, Sam y sus dos escoltas caen acribillados. Las monedas de oro que adornaban la chaqueta de Sam se convierten en metralla. Su cuerpo atraviesa una ventana convertido en cadáver.
Horas después, fuera del saloon, Clint se encuentra con Grey, un abogado que era su amigo de infancia. Ambos crecieron en el mismo rancho miserable, pero sus caminos divergieron: mientras Clint se convirtió en federal, Grey estudió leyes y construyó una carrera respetable en Dallas. Grey acaba de revelarle la verdad más incómoda: él es el defensor de Guss. Para Grey, todo el mundo tiene derecho a una defensa legal, incluso los asesinos. Para Clint, algunos crímenes solo pueden resolverse con un revólver, porque la ley es demasiado blanda y los asesinos salen impunes de los tribunales.
La novela es un enfrentamiento entre dos concepciones del orden: la justicia del revólver frente a la ley formal. Clint cree que algunos crímenes requieren un verdadero castigo. Grey cree que la legalidad debe prevalecer, incluso cuando la legalidad es corrupta. Entre ellos está Guss, quien aguarda en su rancho, rodeado de pistoleros a sueldo, mientras Dallas se prepara para presenciar quién prevalecerá: el hombre que mata sin dudar o el abogado que aún cree en los tribunales.
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