En la casa Missalonghi, dos hermanas envejecidas y su hija joven luchan contra la pobreza cotidiana. Un tejado deteriorado requiere cincuenta libras que no tienen.
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En la casa Missalonghi, dos hermanas envejecidas y su hija joven luchan contra la pobreza cotidiana. Un tejado deteriorado requiere cincuenta libras que no tienen. Missy, tímida y obediente, escapará brevemente a la tienda del pueblo en busca de avena, llevando consigo libros de la biblioteca en su cesta de compras. En Byron, un pequeño pueblo australiano donde hasta las calles llevan nombres byronianos, la vida transcurre con la precisión de rituales sin variación. Pero una tarde lluviosa traerá a un forastero que romperá la monotonía.
Drusilla Wright y su hermana Octavia viven en Missalonghi, una casa deteriorada donde la ruina silenciosa se mide en detalles: un sofá de crin cuyo esplendor nadie recuerda, labores de aguja realizadas con precisión minuciosa durante horas, un órgano que Drusilla toca sin talento pero con obstinación. El tejado comienza a ceder, y la estimación es clara: cincuenta libras que no poseen. En la cocina oscura, pintada de marrón, donde el agua hierve en vasijas de hierro, la tía Octavia descubre bolsas de avena roídas por ratones. Nada se desperdicia en esta casa, pero tampoco hay abundancia que desperdiciar. Missy Hurlingford, la hija de Drusilla, representa una generación más joven atrapada en los mismos hábitos austeros. A los dieciocho años, es morena y menuda, contraste vivo con la palidez rubia de sus tías. Su timidez es casi palpable, un muro que levanta alrededor de sus deseos. Pero posee un hambre silenciosa: la de leer, la de escapar aunque sea por minutos de las paredes de Missalonghi, la de ser algo más que la muchacha que pela patatas y corre a la tienda bajo la neblina escocesa. Byron es un pueblo único, fundado por el bisabuelo de Missy, un hombre tan cautivado por la poesía de Byron que nombró cada calle, cada casa, cada rincón con referencias a la vida del poeta. Gordon Road, Noel Street, Caroline Lamb Place. Hasta las aguas termales han sido embotelladas y vendidas como la Botella Byron, negocio lucrativo de la familia Hurlingford, que controla la mayoría de los comercios del pueblo. Maxwell regenta la tienda de ultramarinos, Denys la ferretería, Livilla la biblioteca que Missy frecuenta con cuidado, robándose momentos de libertad intelectual. Aquella tarde de invierno, cuando la niebla escocesa desciende suave y pegajosa, Missy camina hacia la tienda de su tío Maxwell con seis peniques en el dedo de un guante marrón. Lleva un libro en su cesta para devolverlo a la biblioteca. Observa una telaraña cubierta de gotas, envidiando brevemente la libertad y el poder de la araña tejedora. En la tienda, donde el aire huele a forraje y salvado, descubre que los ratones también han llegado antes que ella. Entonces aparece un hombre que no es del pueblo, que entra con una energía extraña y una lista de compras tan larga como el invierno es frío. La monotonía de la vida en Missalonghi, medida en labores de dos horas, cenas en la cocina cuando el termómetro marca cinco grados, y noches sin variación, está a punto de romperse.
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