En la infancia del autor, sus padres evocan a Leopoldo Lugones, cuya amistad con un tío abuelo lo ancla en la memoria familiar más allá de cualquier erudición. Cuando Lugones se suicida en 1938, queda relegado a un pasado irrevocable.
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En la infancia del autor, sus padres evocan a Leopoldo Lugones, cuya amistad con un tío abuelo lo ancla en la memoria familiar más allá de cualquier erudición. Cuando Lugones se suicida en 1938, queda relegado a un pasado irrevocable. Estos ensayos reúnen testimonios de intelectuales rioplatenses que enfrentaron el turbulento siglo XX, desde la primera democracia argentina hasta sus rupturas más violentas. Figuran aquí Real de Azúa, Romero, Prebisch y Cardoso: hombres que no aspiraban a ser meros testigos de la historia sino a incidir sobre su curso, sin renunciar a la reflexión crítica sobre procesos cuyo sentido permanecía enigmático.
Cuando en su infancia el autor escucha a sus padres recitar versos de Leopoldo Lugones y mencionar su amistad con un tío abuelo, la figura del poeta se ancla en la memoria más allá de lo biográfico o lo político. Lugones se suicidará cuando el autor aún es niño, relegándolo a un pasado irrevocable. Otros intelectuales, en cambio, seguirán cruzando su trayectoria durante décadas: Monseñor Franceschi debatiendo sobre educación con Risieri Frondizi bajo la sombra del golpe militar de 1955; José Luis Romero y Carlos Real de Azúa, de quienes ofrece elegías escritas durante el terrorismo de estado; Raúl Prebisch, quien desde la Cepal redefinió el pensamiento económico latinoamericano; Fernando Henrique Cardoso, que desde una reflexión sobre dependencia y desarrollo buscó incidir en el curso de Brasil.
Estos ensayos se componen desde la perspectiva de quien estuvo cerca, sin buscarlo, de cómo algunos hombres intentaron comprender y moldear un siglo que se presentaba siempre bajo máscaras inesperadas. El autor reflexiona sobre qué significó que Eduardo Mallea, irrecuperablemente disfuncional, ocupara tanto espacio público; sobre cómo Prebisch y Cardoso se diferenciaban en su determinación de no ser meramente testigos sino actores del cambio; sobre la distancia que media entre la Lugones amada por su padre y la figura histórica compleja que rechazaría el mundo.
El carácter cuasiautobiográfico es central a estas páginas: no se trata de análisis eruditos remotos sino de diálogos en el limbo con generaciones que aún conviven, aunque de modo irrevocable, con quien escribe. Al releer décadas más tarde lo que compuso en otros tiempos, el autor advierte cómo esas trayectorias incidieron sobre la suya, cómo la atmósfera de una época se sedimenta en la comprensión del presente. La tormenta del siglo XX no fue un contexto externo sino la sustancia misma en que se forjaron estas vidas pensantes, estas intervenciones públicas, estos intentos de inscribir significado en la historia.
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