Una mujer híbrida, mezcla de veladora y bestia, se viste para enfrentarse a un juicio nocturno que decide su futuro. Mientras prepara su defensa ante un Tribunal paranormal, Evalle Kincaid atesora sus últimos momentos con Feenix, su…
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Una mujer híbrida, mezcla de veladora y bestia, se viste para enfrentarse a un juicio nocturno que decide su futuro. Mientras prepara su defensa ante un Tribunal paranormal, Evalle Kincaid atesora sus últimos momentos con Feenix, su pequeña gárgola mascota, la criatura que ilumina sus días en los túneles bajo Atlanta. Pronto deberá descender a un mundo de verdades peligrosas, encuentros inesperados y secretos que amenazan todo lo que ama.
En el subsuelo de Atlanta, bajo capas de cemento y seguridad, Evalle Kincaid vive una vida clandestina. Su naturaleza híbrida —veladora de un lado, bestia del otro— la ha marcado desde el nacimiento como una anomalía en un mundo paranormal que desconfía de los mutantes. A medianoche comparecerá ante el Tribunal, un panel de deidades que decidirá si su existencia misma constituye una amenaza para la humanidad. No ha tenido tiempo para preparar su defensa. Las últimas cuarenta y ocho horas las pasó protegiendo a humanos de un antiguo señor de la guerra, demostrando con sus acciones lo que sus palabras tal vez no lograrían: que su sangre corrupta no determina su moral. Pero las acciones hablan más débil que los prejuicios. Esa noche, antes de partir, se despide de lo único que verdaderamente le importa: Feenix, una pequeña gárgola de apenas sesenta centímetros que se debate entre la inocencia y el instinto. La criatura intenta cocinarle pizza, quema la cocina con fuego, celebra con sus patas gorditas. En ese momento, Evalle comprende el peso de lo que está a punto de perder. La gárgola es su razón para regresar, su promesa silenciosa de que la eternidad en prisión no es su destino. Mientras camina hacia el parque donde será teletransportada, Evalle se cruza con Storm, un Skinwalker que trabaja como rastreador paranormal. Su encuentro, breve e intenso, revela tensiones no resueltas. Storm posee la capacidad de distinguir verdades de mentiras, y ella sabe que él ve a través de sus máscaras de coraje artificial. Lo que brota entre ellos —deseo, desconfianza, una posibilidad que ambos temen— queda suspendido en el aire de la noche de Atlanta. La novela arranca con una mujer enfrentándose a su juicio, armada no de argumentos legales sino de determinación cruda y una gárgola que la espera en casa.