En Viena, poco después de la muerte de Lenin, el filósofo húngaro György Lukács redacta un ensayo breve pero intenso dedicado a examinar la coherencia del pensamiento revolucionario bolchevique.
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En Viena, poco después de la muerte de Lenin, el filósofo húngaro György Lukács redacta un ensayo breve pero intenso dedicado a examinar la coherencia del pensamiento revolucionario bolchevique. La obra defiende la urgencia de la revolución proletaria frente a quienes pretendían dilatarla indefinidamente. Continuación directa de su anterior Historia y conciencia de clase, el texto retoma los problemas fundamentales del marxismo revolucionario, enfatizando cómo Lenin encarnaba una filosofía enteramente orientada hacia la acción práctica, rechazando la fragmentación teórica y la separación entre estrategia y táctica.
György Lukács compone este volumen a los pocos meses de la muerte de Lenin, en 1924, cuando aún resuenan los ecos de la revolución bolchevique en Europa y la intelligentsia comunista comienza a debatir el legado del líder caído. El filósofo húngaro había participado activamente en la insurrección húngara de 1919, donde ejerció como ministro de Cultura y Educación, y tras su derrota huyó a Viena. Desde allí, redacta este ensayo que se alza como defensa del pensamiento dialéctico revolucionario frente a quienes lo niegan. La tesis central del libro rechaza la idea de postergar la revolución proletaria hacia un futuro indefinido. Lukács impugna la separación artificiosa entre táctica y estrategia, entre análisis científico y propósito revolucionario. Para él, esta fragmentación conceptual había debilitado el marxismo en la Segunda Internacional, permitiendo que la ortodoxia de Kautsky y el revisionismo de Bernstein vaciaran la teoría de su potencia transformadora. El filósofo ve en Lenin al pensador revolucionario completo: un hombre cuyo pensamiento se encontraba completamente volcado hacia la praxis, jamás divorciando la reflexión teórica de su aplicación política inmediata. En Lenin reconoce a quien logró mantener la unidad entre el sujeto y el objeto que la sociedad capitalista había fragmentado. Mientras que el pensamiento burgués se entrampa en dualismos insuperables, separando las leyes objetivas de la economía de la voluntad subjetiva revolucionaria, Lenin operaba en ambos planos simultáneamente. La publicación en Viena despertaría fuerte rechazo en la ortodoxia soviética. Será condenado bajo la acusación de subjetivismo y romanticismo revolucionario. Sin embargo, Lukács nunca abandonó su convicción de que la dialéctica marxista constituía el instrumento fundamental de la lucha de clases, ni dejó de sostener que la revolución no era un evento histórico consumado sino una tarea permanente.
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