Bajo la lluvia y la nieve de una noche sin luz, Lissa descubre el cuerpo sin vida de Giano, su amante, asesinado a tiros en el barro. Con ciento cincuenta mil dólares guardados en su impermeable y perseguida por fuerzas oscuras, huye hacia…
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Bajo la lluvia y la nieve de una noche sin luz, Lissa descubre el cuerpo sin vida de Giano, su amante, asesinado a tiros en el barro. Con ciento cincuenta mil dólares guardados en su impermeable y perseguida por fuerzas oscuras, huye hacia la carretera. Un desconocido llamado Dane Burke la recoge en la oscuridad y la lleva a Atlanta. Allí deberá enfrentarse a su dolor y a las maquinaciones de una organización criminal que no tolerará su supervivencia.
La noche es impenetrable cuando comienza la huida de Lissa. Apenas minutos antes yacía en la cabaña de montaña con Giano de Lucca, un hombre criado en el mundo subterráneo del crimen, buscador de algo que nunca podría alcanzar. Los disparos llegan sin previo aviso. Cuando ella logra acercarse al cuerpo en la nieve, comprende que no hay regreso posible.
Con el dinero del último golpe—ciento cincuenta mil dólares—en el forro de su impermeable gris, Lissa desciende hacia la carretera. Es entonces cuando Dane Burke, un conductor de paso, la encuentra. Sus ojos grises como el acero y su sonrisa casual hacen que ella olvide, por un instante, el frío que la traspasa. Pero la tragedia no se detiene en una montaña nevada: es apenas el comienzo de una caída hacia las sombras.
En Atlanta la aguardan los rostros de un mundo que ella ha conocido pero nunca elegido. Harry Keller controla su club nocturno con puño de hierro. June, una mujer de piel satinada y ojos que brillan como los de una serpiente, acecha cada movimiento. Están también los otros: Bernie Brown, Feeney, Charlie Samon. Todos forman parte de la Sindicatura, la red de poder que Giano servía. Y todos supondrán que Lissa ha traicionado al hombre que amaba para quedarse con el dinero.
La policía la busca. La organización la persigue. El único refugio posible son las manos del desconocido que la salvó en la carretera, o la asunción de que no existe escape alguno. Lo que Lissa no sabe aún es que la supervivencia exige un precio que nadie ha pagado sin sangre.
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