Un niño de diez años se encarga de los caballos en la casa de su tío Darío en Asturias durante el verano. En esa casa de Acacias, en la que pasa sus meses de vacaciones lejos de Valencia, descubre que los animales son gente: hay una yegua…
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Un niño de diez años se encarga de los caballos en la casa de su tío Darío en Asturias durante el verano. En esa casa de Acacias, en la que pasa sus meses de vacaciones lejos de Valencia, descubre que los animales son gente: hay una yegua negra llamada Gioconda, su hijo Leonardo, perros pastor de historia extraordinaria. Las tardes junto al tío, pintor que ha viajado al Sahara, son lecciones sobre la vida a través de historias que atan a los animales con la memoria, la muerte y el sentido de estar vivo.
Un niño de diez años se despierta antes del amanecer en la casa de su tío en Acacias, Asturias. Es verano y él es el encargado de los caballos. Cada mañana abre la cuadra y suelta a Gioconda, una yegua negra, y a Leonardo, su hijo, que parecen flotar en la neblina matinal. Este verano será tan intenso que lo marcará para siempre.
Sus padres se quedan en Valencia por razones de trabajo. El niño viene solo a esta casa donde su tío Darío, pintor, convive con su esposa Fanfan, una mujer silenciosa que lee poesía en chino y japonés, cultiva plantas silvestres y saluda con un simple Om. En la casa hay fotos del hijo que nunca mencionan, aquel pequeño que murió picado por una abeja dentro de un higo.
El tío Darío recibe al niño con historias. Historias sobre los caballos que llevan el alma de Antonio, su amigo pastor, muerto en un accidente. Historias sobre Sahara, la perra que fue sanada con abrazos cuando era autista. Historias sobre sus viajes al Sahara, a los campamentos de refugiados, donde pintó jaulas hechas de chatarra en las que los camellos sonríen.
En esta casa aprende que los animales son gente. Gente que siente, que llora, que recuerda. Gioconda sonríe como La Gioconda de da Vinci. Leonardo lleva un nombre que aún no le ha explicado. Los perros de pastor, cada uno con su historia. El pequeño puercoespín encontrado en la puerta, que llamó Pinchos y que desapareció.
Mientras cena con su tío en la cocina, el niño absorbe una filosofía: que la muerte no es mala en sí, sino el hueco que deja; que morirse es la consecuencia de vivir; que los muertos no están muertos mientras los vivos les recuerdan. Una lección que llega a través de los animales, de las manos del tío batiendo huevos mientras cuenta, de la presencia silenciosa de Fanfan.
Este es un libro sobre cómo un niño aprende a ver que lo más importante está en los ojos de un caballo que ha sufrido, en la risa de su tío contando historias mientras cocina, en la ternura incómoda de cuidar a un animal pequeño.
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