En una oficina de un periódico deportivo, Marny Stevens lleva meses navegando el dolor de una infidelidad que intenta mantener oculto bajo una capa impenetrable de profesionalismo.
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En una oficina de un periódico deportivo, Marny Stevens lleva meses navegando el dolor de una infidelidad que intenta mantener oculto bajo una capa impenetrable de profesionalismo. Cuando Alan, el arrogante primo de su ex, comienza a insinuar que su rechazo hacia él podría ser otra cosa, la frialdad controlada de Marny se tambalea. Entre discusiones cortantes que chispean de tensión y encuentros que los dejan sin aliento, ambos descubren que lo que creían despreciar podría ser exactamente lo que necesitaban.
Marny Stevens mantiene su mundo en orden. Trabaja en un periódico deportivo dominado por hombres, muchos de los cuales la ven como poco más que un rostro bonito en medio de conversaciones sobre estadísticas y juegos. Se dedica a perfeccionar cada detalle de su vida profesional, guardando distancia con una educación impecable y una sonrisa glacial que mantiene a todos a raya. Pero los últimos seis meses han dejado grietas en su armadura. Su novio le fue infiel con su mejor amiga, una traición que la quema por dentro aunque nadie en la oficina lo note. Ha perfeccionado el arte de fingir que nada la afecta.
Alan aparece en su vida como todo lo opuesto a lo que Marny creía necesitar. Es el primo del hombre que la engañó, arrogante hasta el punto de la insoportabilidad, directo al grado de la crueldad. Durante años, Alan fue una voz constante de crítica y desdén. Ella lo catalogó con sus amigas: un típico macho alfa, serio y de temperamento volátil.
Una noche de trabajo tardío, cuando Marny está exhausta después de horas en la oficina, Alan comienza a actuar diferente. Primero en el baño de la oficina. Su insinuación inicial es rechazada con ácida precisión, pero algo en su mirada ha cambiado. Ya no es rechazo lo que ella ve en sus ojos azules oscuros, sino algo mucho más peligroso.
Lo que sigue es una danza de desmentidas y atracción mutua. Marny insiste en que sus insinuaciones le resultan patéticas. Alan sonríe, la observa, y le susurra verdades que ella no está lista para escuchar. Entre el ascensor que desciende y las aceras de Seattle a medianoche, la certeza de que Alan no podría aportarle nada comienza a desmoronarse.
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