En la estación de Atocha, en 1942, Alfredo Eybler es obligado a subir a un tren que lo separa de su esposa Ana y su hijo pequeño Carlos. Dieciséis años después, desde Berlín Oeste, el médico español escribe en soledad para no enloquecer.
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En la estación de Atocha, en 1942, Alfredo Eybler es obligado a subir a un tren que lo separa de su esposa Ana y su hijo pequeño Carlos. Dieciséis años después, desde Berlín Oeste, el médico español escribe en soledad para no enloquecer. Prisionero en Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial, pasó trece años en campos de Siberia. Ahora, enfermo del corazón, evoca una vida que le fue arrebatada: su Madrid, la guerra civil, el amor imposible, la guerra en Rusia y el cautiverio que lo convirtió en fantasma. Un testimonio sobre la culpa del superviviente y el precio invisible de la guerra.
Alfredo Eybler es médico en Madrid cuando, en primavera de 1942, militares lo arrancan de su casa. Lo reclutan para servir con tropas españolas al lado de los nazis en Rusia por su cualificación y conocimientos de alemán. Lo amenazan: si se niega, tomarán represalias contra su esposa Ana, hija de republicano. Viaja hacia Leningrado pero acaba en Stalingrado, donde cae prisionero. Trece años en campos siberianos. Su fuga lo lleva a través de la inmensidad rusa, a pie, durmiendo al raso, comiendo migajas, huyendo de sí mismo. Llega a Berlín Oeste en 1958, donde su vida anterior no existe. Escribe estas memorias en la soledad de un apartamento, perseguido por los fantasmas de quienes murieron junto a él. Su madre murió de cáncer antes de la guerra, su esposa e hijo quedaron atrás, sus camaradas perecieron en Rusia. Escribiendo en su lengua materna tras años de exilio, intenta escapar de la locura y honrar la memoria de los que no regresaron. Es el testimonio de un hombre que sobrevivió pero cuya existencia fue destruida, marcado por la enfermedad del corazón y la desesperación.
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