La campana de las doce suena cuando la llama del mechero bunsen se torna verde en clase de física. Es el instante en que un organillo callejero irrumpe por la ventana, sembrando inquietud entre los estudiantes.
Descargar
La campana de las doce suena cuando la llama del mechero bunsen se torna verde en clase de física. Es el instante en que un organillo callejero irrumpe por la ventana, sembrando inquietud entre los estudiantes. En Budapest, un día de marzo como tantos otros, la vida escolar hierve de tensión y secretos. Un grupo de muchachos descubre que otros mayores les han robado sus bolitas en el Museo. Así comienza una historia de amistad y honor adolescente en las callejuelas de la ciudad, donde cada pequeño conflicto forja el carácter de quienes están aprendiendo a ser hombres.
La tarde se quiebra con la música de un organillo. En el aula de física, cuando la llama del mechero bunsen adquiere su color esmeralda—el instante mismo del triunfo científico—la melodía húngara irrumpe por las ventanas abiertas, arrasando con la disciplina. Es un tibio día de marzo en Budapest, y los estudiantes apenas pueden contener la risa mientras el profesor intenta mantener el orden.
Los muchachos de estos barrios viven en un mundo entre la infancia y la juventud, donde las amistades se forjan en las callejuelas y los patios. Cuando suena la campana de las doce, se dispersan por las calles soleadas con ese andar vacilante de quienes recobran libertad. Algunos se detienen a regatear golosinas con vendedores ambulantes; otros caminan en grupo, compartiendo secretos y bromas.
En el centro de este mundo está Boka, un muchacho de catorce años cuya presencia tranquila ejerce cierta gravedad sobre los demás. Cuando Gereb intenta tomar represalias contra un vendedor, es la mano de Boka la que lo detiene. Su voz es profunda y serena, su juicio equilibrado. No busca los conflictos, pero cuando es necesario mediar, lo hace con la dignidad de quien comprende que las cosas tienen consecuencias.
Pero existe una sombra sobre este mundo aparentemente inocente. Los Pasztor—dos hermanos mayores—se mueven por las mismas calles, y lo que hacen tiene un nombre en la jerga de los colegiales: la barrida. Es una declaración de guerra sin palabras, el anuncio del derecho del más fuerte. Cuando los Pasztor deciden que les pertenecen las bolitas que otros muchachos están jugando, simplemente las toman. Y esta vez, han elegido a los amigos de Boka.
Nemecsek, un muchachito flacucho y tímido que raramente es el centro de atención, cuenta cómo ocurrió. Cinco contra dos, pero los Pasztor poseen una fuerza y velocidad que inclina la balanza de manera abrumadora. Weiss llora. Kolnay y Barabas huyen. Y cuando Nemecsek intenta protestar, una mano lo agarra de las solapas con la brutalidad de quien se sabe impune.
Ahora el grupo debe decidir qué hacer. Gereb exige acción, cansado de aguantar estas ofensas. Csonakos, siempre dispuesto para cualquier revuelta, acecha esperando la orden. Pero todos miran a Boka, esperando su palabra. En sus manos está la posibilidad de cambiar las reglas de un mundo donde ha reinado la ley del más fuerte.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.